26 de mayo de 2026

Crisis en Scania: otra paralización de la planta en Tucumán expone la fragilidad de la industria nacional

Las suspensiones en Scania son un síntoma, no una excepción. La verdadera enfermedad es la falta de un rumbo industrial. Y si no se actúa a tiempo, las pausas pueden transformarse en cierres definitivos.

La decisión de Scania de extender por dos semanas la paralización de su planta en Colombres, Tucumán, es mucho más que un problema puntual en una fábrica de autopartes: es una nueva señal de alerta sobre el profundo deterioro de la industria nacional, especialmente la orientada a la exportación.

Lo que en junio se presentó como una medida “temporaria” por la caída en la demanda externa ya acumula 21 días de inactividad en lo que va del año, bajo un acuerdo de 40 días de suspensiones firmado con el gremio SMATA. El horizonte, lejos de aclararse, se oscurece.

La multinacional sueca, especializada en la fabricación de cajas de cambio y ejes, representa cerca del 15% de las exportaciones tucumanas. Su parálisis no solo afecta a sus trabajadores, que cobrarán apenas el 75% de su sueldo bruto durante la suspensión, sino también a una trama de proveedores, talleres y servicios vinculados a su actividad. En un contexto económico recesivo, con caída de la demanda interna y externa, la reducción del ritmo productivo es también una forma de traslado del ajuste hacia los sectores trabajadores.

El antecedente inmediato no es alentador: en julio de 2024 la empresa ya había ejecutado un recorte de 16 empleados, bajo el argumento de una «transformación estratégica». Ahora, sin embargo, el eufemismo de la “disminución temporal en la demanda” choca con los datos duros de la realidad: la actividad industrial se desploma, y no hay un plan de contención ni de reactivación productiva por parte del Estado nacional.

El secretario general de SMATA en Tucumán, Luis Diarte, no ocultó su preocupación. “La industria en general está cayendo. No estamos protegiendo a la industria nacional”, advirtió. Sus palabras resuenan como un diagnóstico compartido por buena parte del sindicalismo industrial, que ve cómo el modelo basado en la apertura comercial, la baja de aranceles y el retiro del Estado como promotor de la producción está dejando consecuencias concretas: cierre de líneas, suspensiones, despidos y empobrecimiento de regiones enteras.

El comunicado oficial de Scania habla de “diálogo” y “sostenibilidad”, pero omite referirse a las causas estructurales que la empujan a detener la producción. ¿Se trata solo de una retracción en los pedidos internacionales, o también de una política económica que no favorece la inversión, el consumo interno ni la estabilidad? Sin una respuesta integral, el caso Scania podría replicarse —y de hecho ya se replica— en decenas de plantas industriales del país.

Tucumán, una provincia que ha intentado posicionarse en el mapa industrial argentino, no puede quedar librada a las decisiones de una multinacional que ajusta su actividad según las señales del mercado. La producción, el empleo y el desarrollo regional requieren políticas públicas activas, financiamiento y protección frente a los vaivenes globales.

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