Crisis en la industria textil: alertan que las importaciones ya ponen en riesgo 150.000 puestos de trabajo
La pregunta que comienza a sobrevolar es si el libre comercio sin regulación en un país de alta carga impositiva y escasa infraestructura no termina siendo, en los hechos, una condena al cierre masivo de empresas.

Mientras las zapatillas importadas se convierten en estrellas del Hot Sale 2025, detrás del escaparate digital se profundiza una crisis silenciosa pero estructural: la industria textil nacional se encuentra al borde del colapso, con más de 150.000 empleos en riesgo directo y una cadena productiva que compromete el trabajo de más de medio millón de personas en todo el país.
Empresarios y gremios del sector encendieron la alarma frente al avance arrollador de las importaciones, que en apenas dos meses duplicaron en volumen los registros del año pasado: 23,3 millones de prendas ingresaron entre enero y febrero por un total de 90,2 millones de dólares. La competencia con productos extranjeros —muchos de ellos más caros incluso que los locales— no solo desplaza la producción nacional, sino que ya provocó el cierre de talleres y los primeros despidos, en una tendencia que podría agravarse en el segundo semestre.
Apertura comercial, caída industrial
La raíz del problema, coinciden analistas, está en la apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional, que en nombre de la desregulación redujo los aranceles para ropa y calzado del 35% al 20%, los de telas del 26% al 18%, y los de hilados al rango del 12% al 16%. La medida, lejos de mejorar el acceso a precios más bajos, no logró reducir sustancialmente los valores al consumidor, pero sí afectó directamente la producción nacional.
Según datos de Pro Tejer, la cámara que agrupa a los industriales del rubro, la baja arancelaria apenas impacta un 2% en los precios internos, ya que más del 90% del precio final está influido por factores de comercialización, logística e impuestos. De hecho, más del 50% del precio que paga el consumidor se lo lleva el Estado vía tributos.
Una competitividad que no llega
En términos de márgenes, la industria textil argentina sigue mostrando altos niveles de rentabilidad —alrededor del 30%—, aunque esto obedece en parte a la elevada carga tributaria y la informalidad estructural del sector. En comparación, países como Brasil o Chile presentan márgenes de entre el 5% y el 8%, pero con menores costos logísticos, reglas más estables y mayor acceso a financiamiento.
Mientras tanto, el turismo de compras vuelve a instalarse como alternativa popular: las prendas en Argentina cuestan hasta un 40% más que en países vecinos, una diferencia que empuja a miles de consumidores a cruzar la frontera en busca de mejores precios, agudizando la presión sobre los fabricantes locales.
El golpe silencioso: máquinas apagadas y talleres vacíos
La presidenta de La Red Textil, Melen Vergniaud, trazó un diagnóstico lapidario: “Seis de cada diez máquinas están frenadas. Esta crisis no es solo económica, es social y productiva. Y tiene responsables: la apertura indiscriminada de importaciones y la baja de aranceles”.
En paralelo, el índice de inflación del sector textil no da señales de alivio: en marzo, el rubro “Prendas de vestir y calzado” subió un 4,6%, por encima del promedio general, y acumuló un 41,9% interanual, lo que desmiente la hipótesis de que la apertura esté derrumbando los precios.
Para el entramado textil, la situación actual es insostenible. Aunque reconocen la necesidad de reformas, advierten que la apertura sin red ni planificación puede arrasar con décadas de tejido productivo. “El proteccionismo bajó, pero la competitividad no apareció. Antes de bajar la persiana, hay mucho por revisar”, concluyeron desde Pro Tejer.
