Conflicto en Correo Argentino: salarios atrasados, ajuste de personal y señales de reconfiguración del servicio
El caso deja al descubierto una dinámica más amplia: la combinación de salarios deteriorados, reducción de personal y reconfiguración operativa plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo actual del Correo Argentino. En este contexto, el conflicto gremial no solo expresa una demanda puntual, sino también una disputa por el futuro del servicio público postal en el país.

El malestar de los trabajadores del Correo Argentino vuelve a poner en escena no solo una disputa salarial, sino también interrogantes más profundos sobre el rumbo del servicio postal estatal.
Desde el gremio denuncian que los ingresos del sector han quedado peligrosamente rezagados frente a la inflación —ubicándose cerca de la línea de indigencia—, mientras advierten sobre un proceso de achicamiento que podría alterar la naturaleza pública del sistema.
El conflicto, visibilizado en una asamblea de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (Foecyt) en Mar del Plata, expone además tensiones en la relación laboral. La decisión empresarial de modificar unilateralmente el Día del Trabajador del sector, sin acuerdo sindical, fue interpretada como una señal de debilitamiento del diálogo institucional y encendió nuevas críticas sobre la gestión.
En términos económicos, el reclamo salarial refleja una pérdida sostenida del poder adquisitivo. Según el gremio, los sueldos del sector se ubican muy por debajo de lo que deberían haber acompañado la inflación, configurando un atraso que no parece reciente sino acumulativo. Este deterioro se produce, paradójicamente, en un contexto donde la empresa avanzó con un plan de retiros voluntarios que redujo significativamente su planta de personal.
Lejos de traducirse en mejoras para los trabajadores, esa reducción —que implicó miles de salidas— habría derivado en una mayor carga laboral para quienes permanecen, sin una recomposición proporcional de ingresos. Este punto introduce una tensión clave: el ajuste interno parece haber priorizado el ordenamiento de costos sin resolver la cuestión salarial, profundizando el conflicto.
A su vez, el cierre de oficinas y su reemplazo por formatos más reducidos, como los denominados “puntos correo”, alimenta las sospechas sindicales sobre una transformación más estructural. Aunque no se trate formalmente de una privatización, el proceso podría interpretarse como una redefinición progresiva del servicio, con menor presencia territorial y posibles cambios en su lógica de funcionamiento.
