7 de agosto de 2026

La crisis golpea a la industria textil: producción, empleo y empresas continúan en retroceso

La actividad textil atraviesa uno de los períodos más complejos de los últimos años. La combinación de un consumo debilitado, la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, el avance de las importaciones y el aumento de los costos operativos sigue profundizando la caída de la producción nacional, sin señales claras de recuperación en el corto plazo.

De acuerdo con un informe de la Fundación Pro Tejer, la producción textil registró en marzo una contracción interanual del 23,3%, ubicándose además un 31,3% por debajo de los niveles observados en 2023.

La situación también afecta a la cadena de indumentaria, cuero y calzado, cuya producción descendió 8,9% respecto del mismo mes del año pasado y se mantiene un 19% por debajo de los registros de hace tres años.

La fuerte retracción de la actividad se refleja en la capacidad instalada de las fábricas. Durante marzo, el sector operó apenas al 40,2%, lo que implica una utilización significativamente menor a la registrada en 2023. En términos prácticos, durante el primer trimestre del año la mayoría de las máquinas permanecieron inactivas por falta de demanda.

El informe atribuye este escenario a la pérdida de dinamismo del mercado interno. Los salarios con dificultades para recuperar poder de compra, la creciente precarización laboral y el mayor peso de los gastos esenciales en los presupuestos familiares reducen la capacidad de consumo de bienes textiles. A esto se suma una oferta cada vez más amplia de productos importados que compiten con la producción local.

La apertura comercial, la reducción de aranceles y otras medidas de desregulación han favorecido el ingreso de mercadería extranjera. Como consecuencia, las empresas nacionales enfrentan una competencia creciente en un contexto de ventas estancadas.

Uno de los efectos más visibles de esta situación es la evolución de los precios. Mientras la inflación general continúa siendo elevada, los productos textiles y de indumentaria registran aumentos considerablemente menores debido a la necesidad de sostener ventas en un mercado debilitado. En abril, los precios de prendas y calzado crecieron 12,7% interanual, muy por debajo de la inflación general del 32,4%.

Desde fines de 2023, el rubro acumula incrementos de precios muy inferiores al promedio de la economía, lo que evidencia las dificultades de las empresas para trasladar costos al consumidor sin afectar aún más la demanda.

En paralelo, las importaciones muestran una transformación significativa. Aunque el volumen total importado disminuyó respecto del año anterior, se observa un marcado crecimiento en la compra de productos terminados, mientras retroceden las importaciones de insumos y materias primas destinadas a la producción local. Particularmente, el ingreso de prendas de vestir del exterior alcanzó niveles récord, consolidando una tendencia que preocupa a los fabricantes nacionales.

El deterioro también impacta en el empleo. Según los últimos registros del sistema previsional, el sector textil, de confecciones, cuero y calzado encabezó la caída del empleo privado formal, con una reducción del 18% desde diciembre de 2023. Esto representa más de 22.000 puestos de trabajo perdidos en poco más de dos años.

La contracción no se limita al nivel de actividad y empleo. El entramado empresarial también se está reduciendo. Desde fines de 2023 desaparecieron más de 800 establecimientos productivos registrados, principalmente en los segmentos vinculados a la confección de indumentaria, cuero y calzado.

Desde Pro Tejer advierten que el problema trasciende la coyuntura económica. Sostienen que la persistencia de bajos niveles de producción puede provocar una pérdida permanente de capacidades industriales, conocimiento técnico, empleo especializado e inversiones acumuladas, elementos que demandan largos períodos para recuperarse una vez que se destruyen.

En este contexto, la industria textil enfrenta un desafío estructural: sostener su actividad y preservar su capacidad productiva en un mercado interno debilitado y con una competencia externa cada vez más intensa.

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