10 de julio de 2026

Colapso textil: uso de capacidad instalada cae a mínimo histórico del 37% y destruye 14 mil empleos

La situación demanda una revisión urgente de las políticas macroeconómicas y arancelarias para evitar un daño irreparable al tejido productivo textil del país.

La industria textil argentina atraviesa una crisis de proporciones históricas, con la utilización de su capacidad instalada cayendo a un alarmante 37,1% en septiembre de 2025, según datos de la Fundación ProTejer.

Esta cifra no solo representa una baja de 14,2 puntos porcentuales respecto al año anterior, sino que se ubica incluso por debajo de los niveles registrados durante el año de la pandemia de COVID-19.

Esta contracción productiva es la consecuencia directa de una recesión económica profunda y del cambio de política comercial implementado por la administración de Javier Milei. La caída en la actividad consolidó una tendencia negativa, llevando el uso de la capacidad instalada acumulada en 2025 a un magro 42,7%.

Impacto Social y Desempleo

El deterioro en la producción ha tenido un impacto devastador en el mercado laboral. Desde diciembre de 2023, la industria textil, confecciones, cuero y calzado registró una pérdida de casi 14.000 puestos de trabajo. Con una caída del empleo del -12% —solo comparable con el sector de la construcción—, el rubro se posiciona como uno de los más afectados por el ajuste y la apertura económica, evidenciando el costo social de las políticas actuales.

La Paradoja de las Importaciones

La crisis de la producción nacional se ve agravada por un aumento descontrolado de las importaciones. Entre enero y octubre de 2025, la entrada de productos textiles e indumentaria se disparó, registrando un aumento interanual del 89% en cantidades y del 61% en valores.

Este hecho es el punto más álgido de la crítica: mientras la industria local opera a un tercio de su potencial, despide personal y ve caer sus ventas, el mercado interno es inundado por mercadería extranjera.

Esto sugiere que las políticas de liberalización y apertura, lejos de fomentar la eficiencia o la competitividad, están actuando como un factor de desindustrialización, priorizando el ingreso de bienes foráneos por sobre la preservación del aparato productivo y el empleo nacional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *