2 de junio de 2026

Colapso mayorista: Caromar se presentó en concurso preventivo tras cierres, despidos y desplome de ventas

Con el concurso preventivo, la compañía busca ganar tiempo para reestructurar sus deudas y evitar la quiebra. Sin embargo, su situación refleja una problemática más amplia: un mercado mayorista tensionado por la caída del consumo, la guerra de precios y un entorno económico que pone en jaque la sostenibilidad de muchas empresas del sector.

La crisis del consumo y la creciente presión competitiva empujaron a la cadena mayorista Caromar a una situación límite. La firma, dedicada a la comercialización de productos de limpieza y perfumería, inició un concurso preventivo de acreedores luego de declarar la cesación de pagos, en un contexto marcado por la contracción del mercado y un deterioro sostenido de su estructura financiera.

La decisión, avalada por el Juzgado Comercial N°1 bajo la figura de “gran concurso”, formaliza un proceso de ajuste que la empresa ya venía ejecutando desde hace meses. La combinación de caída en las ventas, pérdida de capital operativo, dificultades para sostener el abastecimiento y conflictos laborales terminó por comprometer su funcionamiento cotidiano.

Durante el último año, la compañía avanzó con el cierre de sucursales en distintos puntos del país —incluyendo Mar del Plata, Burzaco, La Tablada y San Justo— y aplicó un recorte significativo de personal que superó los 100 despidos. Actualmente, mantiene solo cinco locales activos y una estructura considerablemente más reducida, reflejo de un repliegue forzado.

El impacto de la crisis se evidencia en los números: entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, las ventas se desplomaron cerca de un 42% interanual. Este retroceso se da en un escenario donde la competencia se volvió más agresiva, con actores que, según la propia empresa, comercializan productos por debajo de sus costos para sostener participación de mercado, erosionando aún más los márgenes del sector.

En ese contexto adverso, Caromar resolvió además desmantelar su unidad industrial, cerrando su planta de producción de jabón en polvo, una apuesta estratégica que había demandado años de inversión. La decisión expone la pérdida de viabilidad de la producción local frente a precios de importación más bajos y a una demanda en retroceso.

El deterioro también se trasladó al frente laboral y financiero. La empresa redujo su plantilla de unos 500 empleados a poco más de 200, en medio de tensiones sindicales y litigios que rondan los 1.000 millones de pesos. A esto se suman cheques rechazados por montos similares y mayores exigencias de pago por parte de proveedores, lo que terminó de asfixiar su flujo de caja.

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