3 de julio de 2026

Colapso en la yerba mate: productores anticipan paro con riesgo de desabastecimiento

La crisis yerbatera se suma a los reclamos de otras economías regionales que denuncian caída de ingresos, aumento de costos y ausencia de políticas específicas. El interrogante de fondo es si el mercado, sin mecanismos de regulación o compensación, puede sostener actividades estratégicas para las provincias del norte argentino o si, por el contrario, el ajuste terminará concentrando aún más la producción y expulsando a los pequeños productores del sistema.

Ph: Infogremiales

La cadena productiva de la yerba mate atraviesa uno de sus momentos más críticos en años. Productores de Misiones alertaron que el valor que reciben por la hoja verde no cubre siquiera los costos de cosecha y transporte, y advirtieron que analizan convocar a un paro desde marzo ante lo que describen como una situación “terminal” que podría derivar en un quiebre generalizado del sector.

Ángel “Cacho” Ozeñuk, referente yerbatero, aseguró que la actividad se encuentra en “agonía total”. Según detalló, mientras en abril de 2024 el kilo de hoja verde se pagaba 245 pesos al contado, hoy se abonan alrededor de 70 pesos en planta y, además, con cheques a 120 días. La combinación de caída nominal del precio y pagos diferidos, en un contexto de alta inflación, configura —según los productores— un escenario inviable.

La ecuación es simple y preocupante: producir implica perder dinero. “Hay que poner plata del bolsillo para ir a trabajar”, resumió Ozeñuk. El problema no es solo de rentabilidad, sino de supervivencia. Si el ingreso no cubre costos básicos, la continuidad de miles de pequeños y medianos productores queda en duda.

En este contexto, la amenaza de un paro no es menor. La eventual suspensión de cosecha de hoja verde podría impactar en la oferta y generar tensiones en el mercado interno. Misiones concentra la mayor parte de la producción nacional de yerba mate, por lo que cualquier conflicto en la base primaria repercute en toda la cadena, desde secaderos e industrias hasta el consumidor final.

Los productores vinculan la crisis con el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, al que acusan de no implementar medidas de contención para las economías regionales. La desregulación y la liberalización de precios, sostienen, los dejó expuestos frente a un mercado concentrado donde el eslabón más débil es el productor primario.

También hubo cuestionamientos al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), organismo que históricamente tuvo la función de fijar precios de referencia y equilibrar la cadena. Según Ozeñuk, el instituto perdió capacidad real de intervención y hoy no cuenta con herramientas eficaces para defender al sector productivo.

El trasfondo del conflicto revela una tensión estructural: mientras los costos suben por efecto de la inflación y la logística, el precio pagado al productor cae en términos reales y se difiere en el tiempo. La advertencia “estamos peor que en 2001” no solo remite a una comparación económica, sino a un clima social de incertidumbre creciente en el interior productivo.

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