Cierran 25 sucursales de la cadena de panaderías Pandanés, 150 trabajadores a la calle
El caso Pandanés muestra así las dos caras de una misma crisis: una empresa que asegura haber agotado sus alternativas financieras y trabajadores que quedan frente a la pérdida de sus ingresos y a la incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones. El cierre de 25 locales y la salida de 150 empleados se convierte, de este modo, en otro indicador del deterioro que atraviesa el consumo y de la creciente presión sobre las empresas que dependen directamente del poder adquisitivo de los hogares.

La crisis del consumo volvió a golpear con fuerza al sector de las panaderías. La cadena Pandanés decidió poner fin a sus operaciones comerciales, cerrar sus 25 sucursales y desvincular a unos 150 trabajadores, mientras avanza hacia una presentación de quiebra ante la Justicia.
Los empleados fueron notificados durante la madrugada mediante mensajes de WhatsApp. Horas después, al intentar presentarse en sus lugares de trabajo, encontraron los accesos cerrados y las cerraduras de los establecimientos modificadas.
Según comunicó la empresa, la decisión respondió a la falta de fondos para sostener la actividad y afrontar los compromisos salariales futuros. La firma aseguró además que fracasaron las gestiones destinadas a conseguir capitalización o alguna alternativa que permitiera evitar el cierre definitivo.
El deterioro de la situación ya se había hecho visible días atrás, cuando Pandanés había cerrado dos de sus locales, ubicados sobre avenida San Martín, en Villa Crespo, y calle Sanabria, en Villa Devoto. En aquel momento, la compañía había atribuido las clausuras a la imposibilidad de afrontar los costos de alquiler.
La situación terminó extendiéndose a toda la red. Uno de los trabajadores afectados denunció que durante la madrugada fueron modificadas las cerraduras de los establecimientos y que algunos empleados quedaron incluso con sus pertenencias personales dentro de los locales.
A esto se suma otro frente de conflicto laboral. Si bien los trabajadores recibieron el pago de los salarios correspondientes y del aguinaldo que se encontraba pendiente desde junio, denunciaron que la empresa habría dejado de realizar aportes jubilatorios, cargas sociales y contribuciones patronales a la obra social. También señalaron que no se habría contemplado un esquema para afrontar las indemnizaciones derivadas de los despidos.
Consultados por medios periodísticos, representantes de la compañía no brindaron explicaciones públicas sobre las denuncias realizadas por los trabajadores.
La crisis de Pandanés no comenzó con el cierre definitivo. En noviembre del año pasado, dentro del expediente concursal iniciado ante la Justicia Comercial, la empresa había atribuido sus dificultades financieras al deterioro del contexto económico. Según la presentación, la recesión y el aumento de los costos de funcionamiento habían provocado una caída del consumo superior al 50% respecto de los niveles históricos de la firma.
La empresa, que desarrollaba su producción bajo un esquema de elaboración artesanal y contaba con una planta central de unos 1.700 metros cuadrados, también acumuló una importante deuda comercial. Los registros judiciales y comerciales consignaron más de $58 millones en cheques rechazados por falta de fondos.
Desde la conducción de Pandanés sostuvieron que habían intentado distintos mecanismos para evitar el desenlace, entre ellos la reducción de gastos, la renegociación de alquileres y cambios en las condiciones de contratación con proveedores. Sin embargo, las medidas no alcanzaron para revertir el deterioro financiero.
El cierre de la cadena expone, además, una problemática que trasciende a una empresa en particular: la fuerte contracción del consumo está modificando las condiciones de supervivencia de comercios y pequeñas y medianas empresas vinculadas a la alimentación.
Desde la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) señalaron que la comercialización de pan tradicional registra caídas de entre el 50% y el 60%, mientras que la venta de facturas y productos de pastelería habría retrocedido hasta un 80%.
El impacto se refleja directamente en los hábitos de los consumidores. «La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo», advirtieron desde la entidad.
