CGT define su estrategia: el blindaje laboral, eje de la pulseada con el Gobierno de cara a 2027
La CGT entra en una nueva etapa donde la resistencia a la reforma laboral y la consolidación de poder político para 2027 son los ejes de su estrategia, en una tensa dialéctica entre el diálogo necesario y la confrontación exigida por su rol histórico.

La Confederación General del (CGT) transita el período post-electoral con una redefinición de roles, donde el objetivo primordial es blindar los derechos laborales ante posibles reformas y consolidar un poder de fuego político con vistas a la elección de 2027.
La central obrera navega entre la necesidad de diálogo y la presión de sectores internos por mayor confrontación, sabiendo que su legitimidad depende de la efectividad del Trabajo con que lograr equilibrar ambas fuerzas.
El gran desafío de la reforma laboral. El principal punto de tensión que define la estrategia cegetista es la posibilidad de que el nuevo Ejecutivo intente impulsar una reforma laboral de alto impacto, similar a la que fue frenada judicialmente en el pasado (DNU 70). La CGT se auto-asigna el rol de «barrera» ante cualquier medida que busque erosionar el actual modelo sindical o los derechos de los trabajadores. Si bien ha manifestado disposición a debatir modificaciones en el marco de espacios como el Consejo de Mayo, el límite innegociable pasa por la intangibilidad de los elementos sustanciales del sistema gremial y la protección de las convenciones colectivas.
Conducción, estilos y la búsqueda de equilibrio. Aunque no se esperan grandes cambios en los nombres del círculo de conducción, con figuras como Cristian Jerónimo, Jorge Sola, Octavio Argüello y Maia Volcovinsky como posibles integrantes del próximo triunvirato, el debate interno se centra en el «estilo». La moderación sostenida podría generar un costo de credibilidad ante las bases, lo que impulsa una CGT que, si bien priorizará la negociación, estará más dispuesta a la movilización pública ya tensar la relación con el poder político. En este esquema, la figura de Gerardo Martínez (UOCRA) emerge como un puente clave entre la firmeza sindical y el diálogo con el Gobierno.
La agenda política de 2027: recuperar el protagonismo. Más allá de la coyuntura, la CGT tiene la mirada puesta en el próximo ciclo electoral. Para ello, la central busca consolidar un «bloque sindical» relevante en el Congreso, con el objetivo de lograr que alrededor de 15 diputados con identidad gremial acompañen sus posiciones. El objetivo es claro: posicionarse como un actor político de peso, con capacidad de interlocución, para influir en el armado de candidaturas y propuestas de cara a la elección de 2027.
Interlocución y la Secretaría de Trabajo. Un punto de presión política inmediata es la designación del titular de la Secretaría de Trabajo. El sindicalismo buscará evitar que ese cargo recaiga en sectores con una agenda abiertamente antigremial. En este juego de poder, el rol de nombres como Santiago Caputo se vuelve fundamental para facilitar o entorpecer los acuerdos con el Gobierno de turno, marcando la fluidez del diálogo entre el Ejecutivo y la central obrera.
