21 de agosto de 2026

Cercas: “Si yo fuera creyente como el Papa y como mi madre, diría que Francisco fue un pequeño milagro»

En medio del duelo global por la muerte del papa Francisco, el escritor español Javier Cercas, declarado agnóstico, compartió una reflexión profundamente personal y emotiva sobre el Pontífice argentino, con quien mantuvo una estrecha conversación durante el viaje papal a Mongolia, experiencia que relató en su libro “El loco de Dios en el fin del mundo”.

“Sentí como si alguien muy cercano a mí hubiera muerto”, confesó Cercas en una entrevista telefónica, visiblemente afectado por el fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio. “Creía, como todo el mundo, que ya estaba fuera de peligro… justo el día anterior había estado en la Plaza de San Pedro”.

Desde su agnosticismo, Cercas no dudó en destacar la humanidad de Francisco: “Fue un Papa que reconocía sus propios errores, que no ocultaba sus defectos. Se mostraba como hombre y, por eso, podía ser padre para mucha gente”. En su testimonio, el autor remarca un contraste con ciertos sectores que esperan del Papa una figura casi “semidivina”: “Pero el primer Papa, Pedro, era un hombre con muchos defectos que traicionó a Cristo tres veces. La Iglesia es el lugar de los débiles, de los pecadores”.

En su recuerdo de la conversación que mantuvo con el Papa durante el vuelo a Mongolia, Cercas enfatiza una impresión que lo marcó: “Después del primer momento en el que dices ‘sí, este es el Papa’, te das cuenta de que, ante todo, es un sacerdote. Como el cura de mi madre. Primero sacerdote, luego muchas otras cosas: un hombre inteligente, culto, con gran experiencia”.

Lo que más lo conmovió fue la humildad del Pontífice. “Me resulta extraordinario que este sea el primer Papa que eligió llamarse Francisco. La primera virtud de Francisco de Asís es precisamente la humildad: saber que somos pequeños, aunque con dignidad”.

Cercas también destaca la dimensión reformista del pontificado de Francisco: “Trajo una revolución. No doctrinal —eso sería falso—, pero sí una revolución espiritual: la del Concilio Vaticano II. Francisco lo tomó en serio: volver a la Iglesia de Cristo, a sus raíces. Lo dijo claramente: quería sacar a Cristo de las sacristías y llevarlo a las calles”.

Para el autor de Soldados de Salamina, esa revolución se encarna en los misioneros, como los que acompañaron al Papa en Mongolia: “Los cristianos ideales de Francisco son los que lo abandonan todo y van a los confines de la tierra a ayudar a los necesitados. Jesús no era un hombre de poder ni de riqueza, sino un hombre que iba con los pobres”.

Cercas concluye con una afirmación cargada de admiración: “Si yo fuera creyente como el Papa y como mi madre, diría que Francisco fue un pequeño milagro. Un cristiano sentado en el trono de San Pedro. Su reforma no ha terminado”.

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