Caputo sobre una posible convertibilidad: «Podríamos ir por debajo de mil pesos por dólar»
En un encendido discurso durante el 11° Latam Economic Forum, el ministro de Economía Luis Caputo sorprendió al sugerir que el país podría avanzar hacia un esquema de convertibilidad cambiaria por debajo de los mil pesos por dólar, apoyado en el nivel actual de reservas y en lo que definió como un nuevo modelo económico con «moneda firme y estabilidad fiscal».

La declaración, más allá de su carácter preliminar, marca un giro discursivo relevante y agrega una capa de profundidad al proyecto económico del oficialismo: mientras el Gobierno aún enfrenta altos niveles de inflación y una economía en recesión, Caputo comienza a proyectar una etapa de consolidación monetaria y remonetización, ideas clave dentro del ideario libertario que encabeza Javier Milei.
«Argentina nunca estuvo en una situación de superávit fiscal sin emisión de dinero y con el tipo de cambio flotante», subrayó Caputo, desmarcándose de experiencias pasadas como la convertibilidad de los años noventa, con la que, sin embargo, inevitablemente se lo comparó.
Un mensaje para adentro y para los mercados
Las palabras del ministro no solo apuntaron a los sectores empresariales presentes en el foro; también funcionaron como un mensaje político interno y externo: para reforzar la idea de que el programa económico de Milei tiene resultados concretos y que ya estaría generando condiciones estructurales para una mayor confianza en el peso.
Caputo aseguró que el Gobierno ha “pasado de promesas a hechos” y que “se terminó el modelo de la Argentina miserable, regalada en dólares”. Así, apuntó contra los sectores que cuestionan el ajuste y defendió lo que considera una recuperación de la credibilidad, uno de los pilares que busca construir el oficialismo ante inversores internacionales.
Competencia de monedas y un llamado al sector privado
En línea con la visión del presidente Milei, Caputo insistió en la “competencia de monedas” y propuso que el Gobierno buscará remonetizar la economía en pesos y también en dólares, alentando a los ciudadanos a movilizar sus ahorros: “Hay más de 200 mil millones de dólares debajo de los colchones. ¿Por qué no usarlos?”, dijo. La frase puede leerse como una antesala de medidas que faciliten transacciones en divisas o incentiven su blanqueo, aunque el ministro evitó especificaciones.
Caputo también lanzó un reclamo al sector privado, al que instó a comenzar a invertir para que el crecimiento económico no dependa exclusivamente del ajuste del gasto público. Prometió que, si el país crece al 6% anual durante los próximos siete años, se bajarán impuestos en un punto del PBI por año, lo que calculó como un retorno de 420 mil millones de dólares al sector privado.
Convertibilidad: entre el guiño y la advertencia
Si bien el ministro no detalló cómo sería un régimen de convertibilidad en la práctica ni si implicaría una ley o un compromiso informal, el solo hecho de instalar el concepto resucita un debate sensible en la política y economía argentina. Las asociaciones con el sistema que rigió entre 1991 y 2001 son inevitables, aunque Caputo intentó diferenciarlo al destacar que esta vez habría equilibrio fiscal y tipo de cambio flotante, dos elementos ausentes en aquella experiencia.
El anuncio podría tener efecto doble: por un lado, funcionar como un mensaje de confianza hacia los mercados; por el otro, generar dudas sobre el rumbo monetario, especialmente si se considera el largo historial de volatilidad cambiaria en el país.
El modelo Milei: consolidación y tensión
Las declaraciones de Caputo consolidan una narrativa: el Gobierno quiere reducir el Estado, atraer inversión privada y bajar impuestos como parte de un nuevo modelo de desarrollo. Sin embargo, el plan aún enfrenta desafíos clave: inflación persistente, caída del consumo, tensiones sociales y una oposición que no da tregua en el Congreso.
El ministro fue claro al cerrar: “Este es el cambio. Este es el modelo. Hoy hay un Gobierno que ha venido a achicar el Estado y a darle protagonismo al sector privado”. La apuesta está lanzada. Lo que resta ver es si los fundamentos macroeconómicos y el contexto político permitirán sostener esa promesa en el tiempo.
