Caputo celebra el avance legislativo y deja frases que tensan la relación con el Congreso
Sus declaraciones, realizadas durante el Encuentro de Líderes 2025 organizado por El Cronista, generaron atención no solo por el tono celebratorio, sino por lo que suponen respecto del rol del Congreso y la dinámica democrática en un contexto político complejo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que la obtención de la primera minoría en la Cámara de Diputados por parte de La Libertad Avanza marca el fin de “la amenaza de que nos puedan voltear”.
Caputo sostuvo que el resultado electoral fortalece la “gobernabilidad” del oficialismo y facilita la aprobación de reformas estructurales. Sin embargo, al presentar el disenso legislativo como una amenaza y no como una función esencial del sistema republicano, sus palabras dejan entrever una lectura reduccionista del equilibrio de poderes.
En lugar de reconocer la diversidad de representaciones que componen la Cámara baja, el ministro apuntó contra un Congreso que —según su visión— habría buscado “romper el equilibrio fiscal para que al Gobierno le fuera mal”, una acusación que simplifica el debate político y desconoce que la función parlamentaria implica deliberación, control y, en muchos casos, oposición.
El funcionario también calificó la victoria electoral como una “reafirmación social” que habilitaría una etapa de mayor estabilidad para llevar adelante el programa económico. Pero el diagnóstico pasa por alto la persistente incertidumbre social frente al ajuste, el impacto regresivo de varias medidas y la fragmentación del apoyo ciudadano, elementos que el Gobierno prefiere interpretar como un aval pleno a su rumbo.
Caputo insistió en que, por primera vez en décadas, el orden macroeconómico se sostiene por “decisión política” y no como consecuencia de una crisis. No obstante, sus propios argumentos reconocen que el camino elegido mantiene tensiones estructurales: una economía con señales mixtas, un tejido social golpeado y un Congreso que, más allá de la primera minoría, continúa siendo un espacio de disputas legítimas que no pueden ser reducidas a obstáculos.
Las declaraciones del ministro dejan ver una visión en la que la consolidación del poder legislativo por parte del oficialismo se interpreta como un permiso para gobernar sin contrapesos. En un momento en el que la institucionalidad requiere acuerdos amplios y debates serios, la idea de que el disenso equivale a una amenaza resulta, cuanto menos, preocupante.
