Canasta básica: una familia tipo necesitó más de $1,1 millones en mayo para no ser pobre
El costo de vida sigue imponiendo límites cada vez más altos a la subsistencia básica de los hogares argentinos. En mayo, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), una familia tipo —compuesta por dos adultos y dos menores— necesitó ingresos por al menos $1.110.624 para no ser considerada pobre. La cifra, además de impactante, confirma el desfasaje creciente entre los ingresos y el costo de la vida esencial en el país.

El dato surge de la actualización mensual de la Canasta Básica Total (CBT), que incluye alimentos, bienes y servicios esenciales. En paralelo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que mide el umbral de la indigencia, es decir, la capacidad de cubrir apenas los requerimientos nutricionales mínimos— se ubicó en $500.281 para el mismo grupo familiar. A pesar de la leve baja del 0,4% mensual registrada en esta canasta, la cifra sigue siendo inalcanzable para millones de hogares, lo que pone en evidencia la persistencia de la inseguridad alimentaria.
La variación mensual de la CBT fue de apenas 0,1%, en línea con la desaceleración de la inflación general, aunque este freno en los precios no alcanza para revertir el efecto acumulado. En los primeros cinco meses de 2025, la CBT se incrementó un 11,3%, y en los últimos doce meses la suba fue del 30,5%. La canasta alimentaria, por su parte, subió 29,3% en términos interanuales.
Si bien estas tasas son menores respecto a los picos inflacionarios de 2023, el problema no radica solo en cuánto suben los precios, sino en cuán desfasados están respecto de los ingresos reales. Los datos conocidos recientemente sobre salarios y empleo confirman que el poder adquisitivo de las familias sigue en retroceso, y que cada vez más hogares no logran cubrir ni siquiera el mínimo indispensable para no caer en la pobreza.
El informe también muestra cómo el umbral de la pobreza se ajusta según el tamaño del hogar. Una familia de tres integrantes necesitó $884.186 para no ser pobre, mientras que una de cinco miembros requirió $1.168.132. Para superar la indigencia, esas mismas familias necesitaron $398.282 y $526.185, respectivamente. Estas cifras reflejan que, aún con estabilidad en algunos precios, la canasta mínima continúa siendo excesiva para amplios sectores de la población, en un contexto de desempleo creciente y salarios en caída.
El contraste entre la desaceleración estadística de la inflación y el empobrecimiento estructural es alarmante. La caída de la inflación mensual no se traduce en una mejora de las condiciones de vida, sino que convive con un empeoramiento del panorama social: empleo formal en retroceso, caída del consumo, salarios licuados y una canasta básica que sigue inalcanzable para una parte creciente de la población.
El dato de mayo reafirma una tendencia: el ajuste fiscal y monetario, aunque exitoso en algunos indicadores macroeconómicos, tiene un correlato directo en el deterioro del tejido social. Mientras se celebra la estabilidad del tipo de cambio o la reducción del déficit, millones de argentinos se debaten entre la pobreza y la indigencia. El costo humano del ajuste se mide en estas cifras, y no hay superávit que lo disimule.
