Bullrich se defiende y reaviva el debate sobre la “oportunidad política” de sus filiaciones
En el centro de una controversia interna por sus cambios de camiseta política, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, rechazó con dureza las críticas desde su propio espacio PRO: “Es un título mentiroso”, declaró este miércoles en Radio Mitre, al referirse a los señalamientos sobre sus siete afiliaciones partidarias a lo largo de tres décadas.

Bullrich apeló a la tradición de alianzas que caracteriza el sistema político argentino para relativizar sus idas y venidas: “La historia de la Argentina es una de coaliciones y alianzas; algunos insisten en decir las cosas como quieren y no como son”.
Con este argumento comparó la política con la “fidelidad de un hincha” que no cambia de equipo pese a derrotas y triunfos.
Sin embargo, la analogía deja al descubierto una tensión del PRO: mientras María Eugenia Vidal subrayó que “siete partidos” equivalen a una “falta de coherencia”, Bullrich repitió su paso por el PJ, Unión por la Libertad, Coalición Cívica, PRO y ahora el espacio libertario de Javier Milei, aduciendo un “quiebre filosófico” tras denunciar “corrupción” en el peronismo en 1996.
¿Convicción o conveniencia?
La ministra plantea un relato de evolución ideológica: de “peronista alarmada” a “liberal republicana”. No obstante, críticos internos y externos se preguntan si esos virajes responden a convicciones profundas o a la búsqueda de posiciones de poder. El hecho de que el PRO mismo haya forjado coaliciones con referentes tan disímiles como Francisco De Narváez o Sergio Massa refuerza la interpretación de que, en la praxis política, la táctica predomina sobre la coherencia doctrinaria.
La pulseada por el liderazgo “anti-K”
La defensa de Bullrich no se limitó a su expediente personal; extendió sus dardos contra el titular del PRO, Mauricio Macri, por su reticencia a respaldar con firmeza al presidente Milei. “Son más los de PRO que quieren apoyarlo que los que dicen ‘sí, pero’”, aseguró, en un intento de posicionarse como la figura más alineada al proyecto presidencial y de marcar distancia de viejos jefes de partido.
En ese pasaje, Bullrich ensalzó la gestión económica de Milei —“terminó con el déficit, liberó el cepo”— y cuestionó la mirada de Macri sobre la economía: “En vez de ver lo positivo, habla de que el país no crece”. Este reproche pone en evidencia la interna por el padrinazgo ideológico del oficialismo y el protagonismo de Bullrich en la “guerra de etiquetas” antikirchneristas.
Balance y perspectivas
►La reacción de Bullrich exhibe dos caras:
►Fortaleza política, al reclamar la “valentía y coraje” de su propia trayectoria.
►Fragilidad estratégica, al exponer una historia de saltos partidarios que socava su discurso de consistencia.
Al final, la ministra se aferra a la idea de que la política argentina es por definición un juego de alianzas temporales. Pero al mismo tiempo refuerza la impresión de que, más allá de las convicciones, en la práctica pesa el cálculo de posiciones y apoyos. En el proceso, queda planteada la pregunta: en un sistema donde todos negocian con todos, ¿dónde traza cada dirigente la línea entre coherencia ideológica y conveniencia personal?
