20 de abril de 2026

Bullrich reconoció inacción del Gobierno ante la liberación de Nahuel Gallo

Si bien el país celebra el regreso de Gallo, lo ocurrido genera fuertes interrogantes sobre la capacidad del poder Ejecutivo para manejar una crisis de derechos humanos con implicancias geopolíticas.

La liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo tras 448 días detenido en Venezuela puso al descubierto la ineficacia y falta de coordinación del Gobierno de Javier Milei en un caso que llevó más de un año de presión internacional, gestiones diplomáticas y reclamos públicos.

Según reconoció la senadora Patricia Bullrich, quien ocupó el cargo de ministra de Seguridad durante parte del conflicto, el Gobierno tuvo que admitir que no estaba al tanto de las negociaciones que permitieron la excarcelación —gestiones que se llevaron a cabo por fuera de los canales oficiales y en las que fue central la intervención de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Bullrich aseguró que su equipo había trabajado “desde el primer segundo” para lograr la liberación mediante tratos con gobiernos aliados, como Italia o Estados Unidos, aunque sin contacto directo con Caracas. Sin embargo, lo que no se esperaba fue que la AFA, a través de su dirigencia, mantuviera vínculos que finalmente facilitaron la salida de Gallo del régimen venezolano.

La contradicción resulta reveladora: mientras el Ejecutivo insistía en mostrar una gestión activa a través de canales diplomáticos tradicionales —a la vez que minimizaba el rol de organismos no estatales—, la mesa de juego real se movía por fuera de la estructura oficial. La AFA logró actuar donde, aparentemente, el Gobierno no pudo.

Este traspié no solo expone deficiencias en la política exterior del Ejecutivo, sino que pone en cuestión su narrativa sobre derechos humanos y acción diplomática en un caso que involucró acusaciones de terrorismo por parte de Venezuela y denuncias ante organismos internacionales. La ausencia de información fluida entre distintas áreas del propio Gobierno y el desconocimiento de gestiones paralelas dejan al Gobierno de Milei en una posición que parece más reactiva que proactiva.

El resultado —la liberación de Gallo— es indudablemente positivo, pero la forma en que se llegó a él plantea una crítica central: cuando el Estado no coordina eficazmente sus canales y no reconoce las alianzas útiles (incluso fuera de la diplomacia tradicional), termina perdiendo liderazgo en sus propias gestiones, quedando espacio para que actores externos, incluso no gubernamentales, ocupen ese vacío.

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