Bodegas Bianchi suma despidos y acelera retiros voluntarios en medio de una crisis que no logra revertir
La reestructuración de Bodegas Bianchi ingresó en una nueva etapa. A seis meses de haber reconocido públicamente las dificultades financieras que atraviesa la compañía, la firma volvió a reducir su plantel de trabajadores y puso en marcha un programa de retiros voluntarios, una estrategia que busca achicar aún más su estructura laboral ante un escenario económico que continúa deteriorándose.

En las últimas horas, la empresa concretó la desvinculación de otros 17 empleados, una decisión que se suma al proceso de ajuste iniciado meses atrás.
Desde la bodega señalaron que las indemnizaciones fueron puestas a disposición «de acuerdo con la legislación laboral vigente», aunque evitaron brindar precisiones sobre las condiciones de pago o el impacto total que tendrá la medida.
El nuevo recorte evidencia que las acciones implementadas hasta ahora no alcanzaron para estabilizar la situación financiera de la histórica empresa de San Rafael. Pese a haber iniciado negociaciones con proveedores para reordenar sus compromisos, la compañía continúa enfrentando una delicada realidad económica marcada por una deuda que supera los 350 millones de dólares y por la sostenida retracción del consumo de vino, un fenómeno que afecta a gran parte de la industria vitivinícola.
Bajo el argumento de mejorar la eficiencia operativa y garantizar la continuidad del negocio, la empresa también impulsa un plan de retiros voluntarios. Aunque la firma lo presenta como una opción para los trabajadores, la iniciativa forma parte de una política de reducción de costos que apunta a disminuir significativamente una dotación de personal que, en sus mejores años, superó los 300 empleados.
Desde Bodegas Bianchi sostienen que la reorganización responde a la necesidad de adaptar la estructura interna a las nuevas condiciones del mercado. En ese marco, aseguran haber rediseñado procesos y recursos con el objetivo de fortalecer la sustentabilidad de la compañía y sentar las bases para un eventual crecimiento futuro.
Sin embargo, la profundización del ajuste deja al descubierto las dificultades que atraviesa una empresa emblemática del sector y refleja, al mismo tiempo, la compleja situación que enfrenta la industria vitivinícola argentina. La caída del consumo interno, el incremento de los costos y la presión financiera continúan obligando a muchas bodegas a priorizar la reducción de gastos por sobre la preservación del empleo.
Mientras avanza este proceso de reestructuración, la compañía afirma que mantiene con normalidad sus operaciones productivas y comerciales, además de ratificar su compromiso con clientes, proveedores y consumidores. No obstante, la continuidad de los despidos y el impulso a los retiros voluntarios muestran que el ajuste todavía está lejos de concluir y que la recuperación de la empresa continúa siendo una asignatura pendiente.
