Argentina volvió a quedar entre las economías con mayor inflación de la región pese a la desaceleración de agosto
El 1,7% de agosto constituye una señal favorable en la trayectoria mensual, pero no alcanza para despejar las dudas sobre la velocidad y el costo social del proceso de estabilización. Porque bajar la inflación desde niveles extraordinarios es un logro; convertir esa baja en estabilidad duradera es la tarea pendiente de la Administración de Milei, que constantemente niega una realidad, que desde otros países «si la ven».

Argentina cerró agosto con una inflación mensual del 1,7% y se ubicó en el segundo lugar del ranking latinoamericano, solo por detrás de Venezuela. Aunque el dato muestra una desaceleración frente al 2,1% de julio y representa el registro mensual más bajo de los últimos 14 meses, la comparación regional expone una realidad menos favorable para la política económica del Gobierno: los precios siguen aumentando a un ritmo elevado en relación con la mayoría de los países de América Latina.
De acuerdo con los datos difundidos por el INDEC, Venezuela encabezó la medición de agosto con una inflación del 8,9%, mientras que Argentina quedó muy por encima de Bolivia, que registró un 1,1%, y del resto de las economías de la región. Honduras alcanzó el 0,79%; Chile y Guatemala, el 0,6%; Colombia, el 0,39%; y República Dominicana, el 0,38%.
La distancia resulta todavía más evidente al observar algunas de las principales economías latinoamericanas. México tuvo una variación mensual del 0,20%, Perú del 0,07% y Paraguay no registró cambios. Brasil, incluso, mostró una reducción de precios del 0,40%, mientras Costa Rica tuvo una baja del 0,11%.
El problema adquiere mayor dimensión cuando se analiza el acumulado del año. Entre enero y agosto, Argentina acumuló una inflación del 21,3%, nuevamente segunda detrás de Venezuela, cuya variación alcanzó un extraordinario 200,10%. Muy por debajo aparecen Colombia, con 5,35%; Honduras, con 4,78%; Perú, con 4,16%; y Uruguay, con 3,65%.
La comparación permite poner en perspectiva el discurso oficial sobre la estabilización. La desaceleración argentina es un dato positivo, pero todavía no equivale a una inflación baja.
El ritmo de aumento de los precios continúa siendo significativamente superior al de la mayoría de los países de la región, lo que mantiene bajo presión el poder adquisitivo y condiciona cualquier recuperación sostenida del consumo.
A su vez, la inflación interanual llegó al 33,5% en agosto. Aunque representa una mejora sustancial respecto de los niveles que Argentina atravesó durante los últimos años, sigue mostrando que el proceso de desinflación aún está lejos de consolidarse en parámetros comparables con los de otras economías latinoamericanas.
El dato regional también obliga a matizar la lectura exclusivamente doméstica de la inflación. Mientras el Gobierno puede exhibir la reducción desde los niveles críticos registrados al inicio de su gestión, la comparación con los países vecinos revela que Argentina todavía arrastra una dinámica de precios excepcionalmente alta.
