«Amemos a Jesús que sufrió para salvarnos», el mensaje Francisco en la misa de Ramos
Un día después del alta médico por su cuadro de bronquitis, afección que lo mantuvo tres días hospitalizado, el Papa presidió la solemne misa de Ramos en la plaza San Pedro. El eje de su homilía fue la fe de Jesús en Dios y abogó por los cristianos explotados y olvidados, que sufren y son ignorados y pidió que no fueran abandonados a su suerte.


El pontífice de 86 años reflexionó que Jesús al encomendarse al Padre, al decir la frase: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46), “no cedió a la desesperación”. Sino que se encomendó al padre, rezando.
“Hay tantos cristianos abandonados, invisibles, escondidos, que son descartados con guante blanco: niños no nacidos, ancianos que han sido dejados solos, enfermos no visitados, discapacitados ignorados, jóvenes que sienten un gran vacío interior sin que nadie escuche realmente su grito de dolor”, expresó el Santo Padre.
“Hay pobres que viven en los cruces de nuestras calles, con quienes no nos atrevemos a cruzar la mirada; emigrantes que ya no son rostros sino números; presos rechazados, personas catalogadas como problemas”, sentenció.
A tan sólo un día de salir de su internación en el hospital de Agostino Gemelli en Roma, por un cuadro de bronquitis, el papa descendió del papamóvil en la inmensa explanada para dirigir la misa que marca el inicio de la Semana Santa, ceremonia a la que se temía no asistiría por las razones obvias de salud.
En un día ventoso y ante la multitud de fieles, con rostro adusto y luciendo un abrigo blanco, Francisco saludó a los congregados, bendijo luego los miles de ramos de olivo y palma y a posterior dirigió una de las ceremonias más importantes de la fe católica, en la que se conmemora la muerte y resurrección de Cristo.
“Sepamos amar a Jesús en cada persona abandonada”, dijo al referirse a la invocación que la Liturgia nos propone en el salmo responsorial (Sal 22,2) y la única pronunciada en la cruz por Jesús en el Evangelio.
Pasaje bíblico donde se concentró el mensaje en la santa misa del Domingo de Ramos y más de 60.000 fieles y peregrinos que llegaron a la Plaza de San Pedro, escucharon las palabras del Santo Padre, quien puntualizó que la frase pronunciada por Jesús en la cruz, “nos lleva al corazón de la pasión de Cristo, al punto culminante de los sufrimientos que padeció para salvarnos”.
El Obispo de Roma reflexionó sobre el sufrimiento de Jesús, «que fue grande», y remarcó que padeció en el cuerpo, en el alma, en el espíritu. El más lacerante sufrimiento es el del espíritu, según el Pontífice. De hecho, Francisco hizo notar que, en la hora más trágica, Jesús experimenta el abandono de Dios.
Un acontecimiento real, un abajamiento extremo. «El Señor -dijo- llega a sufrir por amor a nosotros, lo que nos es difícil incluso de comprender. Ve el cielo cerrado, experimenta la amarga frontera del vivir, el naufragio de la existencia, el derrumbamiento de toda certeza. Grita el ‘por qué’ de los ‘por qué'».
En ese marco, el Papa Francisco pidió por los pueblos enteros que son explotados y abandonados a su suerte.
