9 de septiembre de 2026

Alerta en ONU: el Niño entra en una fase de fuerte intensidad, alarma por un escenario climático de alto riesgo

El episodio vuelve a poner en evidencia una cuestión de fondo: cuanto mayor es el calentamiento acumulado del planeta, menor es el margen disponible para absorber nuevos shocks climáticos sin consecuencias económicas, sociales y ambientales significativas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas, encendió una nueva señal de alarma frente al avance del fenómeno de El Niño.

Según sus últimas proyecciones, el evento climático continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y podría alcanzar una intensidad excepcional, con efectos que se prolongarían hasta febrero de 2027 y consecuencias que podrían sentirse durante buena parte del próximo año.

El organismo estima una probabilidad cercana al 100% de que las actuales condiciones de El Niño persistan hasta febrero.

El fenómeno se caracteriza por un incremento anormal de las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, pero sus consecuencias exceden ampliamente esa región: modifica los patrones de circulación atmosférica, los vientos y la distribución de las precipitaciones en diferentes partes del planeta.

Los datos registrados en las últimas semanas muestran la magnitud del proceso. Entre mayo y julio, la temperatura de la superficie del Pacífico ecuatorial centrooriental se ubicó, en promedio, 1,5 °C por encima de los valores habituales.

Sin embargo, entre finales de julio y mediados de agosto, los registros semanales treparon hasta entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima de la media.

En determinadas zonas del océano, el desvío fue todavía más significativo: durante julio y los primeros días de agosto se registraron temperaturas superficiales superiores en más de 8 °C a los promedios históricos.

Estas cifras explican la preocupación de los especialistas frente a un fenómeno cuya intensidad puede alterar significativamente las condiciones meteorológicas a escala regional y global.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, sintetizó la gravedad del escenario al advertir que “El Niño se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos”.

Su mensaje apunta a una cuestión que trasciende la evolución puntual del fenómeno: el mundo enfrenta un contexto de temperaturas oceánicas elevadas y creciente exposición a eventos climáticos extremos, lo que reduce el margen de respuesta de los gobiernos.

Las primeras consecuencias ya comenzaron a manifestarse. Panamá y El Salvador debieron declarar situaciones de emergencia, mientras que en Panamá las condiciones generadas por el fenómeno afectaron incluso el tránsito de embarcaciones por el canal interoceánico. Ecuador, en tanto, elevó su nivel de alerta a rojo debido al agravamiento de las condiciones meteorológicas.

El impacto de El Niño tampoco es uniforme. Mientras algunas regiones pueden enfrentar lluvias extraordinarias e inundaciones, otras quedan expuestas a períodos prolongados de déficit hídrico.

Entre las áreas que suelen registrar condiciones más secas durante episodios intensos aparecen sectores de la Amazonía, Indonesia y Australia. También pueden producirse modificaciones en el comportamiento de los monzones en India y alteraciones de las precipitaciones en distintas zonas tropicales.

La OMM anticipa, además, que durante el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre aumentará la probabilidad de temperaturas superiores a las habituales en prácticamente todas las regiones terrestres.

El dato resulta especialmente relevante porque un episodio fuerte de El Niño puede actuar como un amplificador de condiciones térmicas que ya se encuentran elevadas por el calentamiento global.

Los especialistas distinguen, no obstante, entre ambos fenómenos. El Niño no es provocado directamente por el cambio climático, sino que constituye una variación natural del sistema climático que aparece aproximadamente cada dos a siete años y suele extenderse entre nueve y doce meses.

Su fase opuesta es La Niña, mientras que entre ambos episodios pueden registrarse períodos de condiciones neutrales.

La preocupación científica surge porque un El Niño intenso se desarrolla sobre un planeta que ya registra un calentamiento sostenido debido, principalmente, a las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles.

En ese contexto, aunque el fenómeno tenga un origen natural, puede contribuir a intensificar determinados extremos climáticos y elevar la vulnerabilidad de sociedades que ya enfrentan temperaturas récord, estrés hídrico y fenómenos meteorológicos cada vez más costosos.

La advertencia de Naciones Unidas, por lo tanto, no debería interpretarse únicamente como el anuncio de un episodio climático pasajero.

La verdadera dimensión del problema está en la combinación de dos factores: la intensidad que podría alcanzar El Niño y un sistema climático global que ya opera bajo condiciones de calentamiento excepcional.

El escenario plantea desafíos concretos para los gobiernos. La planificación de los recursos hídricos, la producción agropecuaria, la generación energética, la infraestructura y los sistemas de prevención deberán contemplar la posibilidad de cambios bruscos en las lluvias y temperaturas.

La evolución del fenómeno durante los próximos meses será determinante. Si las previsiones de la OMM se confirman, El Niño podría convertirse en uno de los principales factores de presión climática hasta comienzos de 2027.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *