Alerta del sector fabril por el desmantelamiento de la industria nacional
La Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina, representada por más de 35 organizaciones gremiales, mantuvo un encuentro estratégico con la cúpula de la CGT para manifestar su preocupación ante la crisis del sector.

Los dirigentes advirtieron que el actual modelo económico está derivando en un industricidio, caracterizado por una caída del 9,5 por ciento en la producción manufacturera durante el transcurso de 2025.
Ante este escenario, el bloque industrial ratificó su rechazo a la reforma laboral, calificándola de regresiva y perjudicial para el conjunto de los trabajadores.
La conducción de la CSIRA, con referentes como Ricardo Pignanelli y Abel Furlán, enfatizó que no existe posibilidad de desarrollo nacional sin una base industrial sólida. Los gremios acordaron llevar la agenda del sector fabril al centro de las prioridades de la CGT, impulsando un plan de lucha que combine la movilización callejera con acciones en los ámbitos judicial y legislativo. La premisa central del encuentro fue la necesidad de proteger el trabajo argentino frente a la apertura indiscriminada de importaciones y el ajuste del consumo interno.
Hacia la creación de un congreso de la producción
Como contrapropuesta al esquema oficial, el sindicalismo industrial impulsa la formación de un Congreso de la Producción, el Trabajo y la Calidad de Vida. Este espacio busca articular un frente amplio que incluya a
Pequeñas y medianas empresas junto a cámaras empresarias industriales. Gobiernos provinciales y administraciones locales. Universidades, científicos y centros de desarrollo tecnológico. Estudiantes y organizaciones de la sociedad civil.
El documento emitido por las entidades gremiales destaca una preocupante brecha en la economía actual. Mientras las actividades vinculadas a las finanzas y la energía muestran signos de vitalidad, la fabricación de bienes de valor agregado continúa su tendencia decreciente. Los sindicatos señalan que esta dinámica destruye el empleo calificado y erosiona la soberanía económica, reafirmando que la industria es el motor indispensable para alcanzar la justicia social y el progreso material del país.
