Alarma democrática: el Ejercito argentino reviven la Doctrina de Seguridad Nacional entrenándose con militares de EE.UU.
En una señal preocupante para el futuro de la democracia argentina, efectivos de las Fuerzas Armadas nacionales participarán de ejercicios militares conjuntos con la Guardia Nacional de Georgia en Fort Moore (antiguamente Fort Benning), una base que carga con un pasado siniestro: allí funcionó durante décadas la Escuela de las Américas, el centro de formación donde se instruyó a los ejecutores de los regímenes más represivos de América Latina bajo la doctrina del «enemigo interno».

La noticia, que pasó casi desapercibida en la agenda mediática local, representa mucho más que un simple intercambio técnico o una «cooperación internacional». Según consignó Crónica Política, implica la revitalización explícita de una lógica militarista que remite a los años más oscuros de la historia argentina y regional: la de las fuerzas armadas no como instrumento de defensa nacional, sino como herramienta de control social interno.
La excusa formal es la «interoperabilidad» y el «entrenamiento mutuo» —términos que suenan técnicos, casi inocuos— pero que en la práctica implican el adoctrinamiento en tácticas de combate urbano, contrainsurgencia, y control ante amenazas internas, muchas veces difusas, que históricamente sirvieron para criminalizar la protesta social, la militancia política y los movimientos populares.
El programa fue reinstalado por el gobierno de Mauricio Macri en 2016, pero hoy encuentra en la administración de Javier Milei un contexto fértil para expandirse sin resistencia: un poder civil que alienta la represión, un discurso oficial que demoniza a los sectores movilizados, y un sistema institucional cada vez más permeable al autoritarismo.
Fort Moore no es cualquier base. Su historia la vincula directamente con la Escuela de las Américas, epicentro del adoctrinamiento en técnicas de tortura, espionaje interno y guerra psicológica durante la Guerra Fría. Fue allí donde se formaron los oficiales de las dictaduras del Cono Sur, incluido el núcleo duro de las juntas militares argentinas. Volver allí no es solo un error simbólico: es una señal política.
¿A quién se prepara para combatir hoy? ¿Qué tipo de «interoperabilidad» se construye con fuerzas extranjeras cuya lógica sigue siendo la de la defensa hemisférica ante supuestas amenazas internas? ¿Y qué lugar queda para la soberanía nacional cuando se entrena a las Fuerzas Armadas argentinas bajo parámetros ajenos, con una agenda marcada por intereses geopolíticos externos?
La doctrina de Seguridad Nacional, resucitada con otro nombre, postula una premisa peligrosa: que el conflicto social es una amenaza militar, y que la respuesta debe ser bélica. Esa idea fue el corazón del terrorismo de Estado. No es un dato menor, ni un tecnicismo militar. Es un retroceso alarmante.
La democracia argentina, golpeada ya por el ajuste, la represión y la demolición del Estado de derecho, suma ahora un nuevo frente de preocupación: el rearme ideológico de sus fuerzas armadas. Y con él, la amenaza de que el «enemigo interno» vuelva a ser una categoría operativa en los cuarteles.
El silencio institucional ante esta maniobra es tan inquietante como su contenido. Volver a entrenarse en Fort Moore no es mirar hacia el futuro. Es insistir en repetir los peores errores del pasado. Y esta vez, el costo puede ser mucho más alto: el de la normalización de lo inaceptable.
