Al menos el 50% de los trabajadores registrados no logra cubrir la canasta básica familiar
El dato del SIPA deja planteado un problema que va más allá de la evolución mensual de la inflación: la economía puede mostrar mejoras en sus principales indicadores macroeconómicos mientras una parte importante de los trabajadores registrados continúa sin alcanzar ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de su familia.

Los ingresos de buena parte de los trabajadores registrados continúan por debajo del costo de vida necesario para sostener a una familia.
Según datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la mitad de los asalariados del sector privado percibió en junio un salario bruto inferior a $1.668.430. Una vez descontados los aportes, ese ingreso se ubica por debajo de los $1.385.000 de bolsillo.
La cifra adquiere mayor relevancia al compararla con el valor de la Canasta Básica Total (CBT), utilizada para establecer la línea de pobreza. En junio, una familia compuesta por dos adultos y dos niños necesitó aproximadamente $1.531.473 para cubrir sus necesidades básicas. Para agosto, ese monto ya había superado los $1.600.000.
El contraste expone una de las principales dificultades de la economía actual: tener un empleo formal no garantiza necesariamente alcanzar ingresos suficientes para cubrir el costo de vida de un hogar.
El problema se concentra especialmente en los sectores con menores remuneraciones, donde la recuperación del poder adquisitivo continúa siendo limitada.
El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, Luis Campos, calculó a partir de los datos del SIPA que la mitad de los trabajadores registrados se encuentra por debajo de los $1.385.000 netos.
De esta manera, una porción significativa del empleo privado formal queda por debajo del ingreso necesario para que una familia tipo supere la línea de pobreza.
El economista Gonzalo Carrera, de la consultora Equilibra, advirtió además sobre las dificultades para revertir esta situación si no se produce una mejora de la productividad en los sectores no primarios, que concentran alrededor del 93% del empleo privado formal.
El desafío, en ese sentido, excede la discusión salarial inmediata y plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía para generar empleos mejor remunerados.
Otro elemento de preocupación es que la desaceleración de la inflación no se tradujo automáticamente en una recuperación sostenida de los salarios reales. Un informe de C-P señaló que, a diferencia de otros períodos, la menor velocidad de los precios no está generando una mejora generalizada del poder adquisitivo.
La incorporación de sumas fijas en los acuerdos salariales permitió en algunos casos recomponer parcialmente los ingresos, pero de manera desigual y discontinua. El resultado es una recuperación que depende cada vez más de la situación particular de cada sector y de las condiciones negociadas en las paritarias.
Desde C-P también señalaron que la política salarial se mantiene como uno de los componentes centrales de la estrategia antiinflacionaria del Gobierno. El límite impuesto a las negociaciones paritarias fue ajustándose al comportamiento de los precios, pero sin permitir, en términos generales, aumentos porcentuales que superen la inflación.
La consecuencia es una creciente heterogeneidad entre trabajadores. Mientras algunos sectores logran recuperar parte de lo perdido mediante sumas fijas o acuerdos específicos, otros permanecen rezagados frente al aumento del costo de vida.
Esto genera diferencias cada vez mayores entre actividades y dificulta una recuperación homogénea del salario real.
