A partir del lunes, fin del cepo cambiario: El dólar flotará entre $1.000 y $1.400
Este lunes marcará un hito económico en la Argentina: tras más de una década de controles, el Banco Central (BCRA) anunció el levantamiento del cepo cambiario.

A partir de ahora, el dólar podrá fluctuar libremente entre los $1.000 y $1.400, inaugurando la llamada “Fase 3 del programa económico” lanzado el 10 de diciembre de 2023. Esta medida, presentada como un paso decisivo hacia la estabilización macroeconómica, despierta tanto expectativas como incertidumbres en una sociedad golpeada por la inflación, la recesión y la pérdida de poder adquisitivo.
Con la eliminación de las restricciones cambiarias, desaparece el sistema del “dólar blend” (una fórmula de liquidación que combinaba tipo de cambio oficial y paralelo), se levantan las trabas para la compra de divisas por parte de personas físicas, y se habilita la remisión de utilidades al exterior —aunque recién a partir de los ejercicios financieros que comiencen en 2025. Además, se flexibilizan los plazos para pagos de operaciones de comercio exterior.
El BCRA sostiene que esta liberalización permitirá avanzar en la lucha contra la inflación, fortalecer el ahorro doméstico, dinamizar el crédito y aumentar la inversión. Todo esto, bajo la promesa de no emitir más pesos para financiar el déficit fiscal ni para pagar los pasivos monetarios del propio BCRA, lo cual reforzaría el llamado “ancla nominal”.
Análisis: ¿una oportunidad o una trampa?
Desde una perspectiva técnica, el fin del cepo puede verse como una medida inevitable si se apunta a la normalización del sistema económico. Sin embargo, la pregunta clave es si la economía argentina está realmente preparada para un esquema de flotación cambiaria semi-libre.
Por un lado, la apertura podría mejorar la confianza de los inversores, generar mayor previsibilidad y facilitar la acumulación de reservas. La posibilidad de girar utilidades y operar sin restricciones podría reactivar ciertos sectores productivos y comerciales. También es cierto que el crawling peg del 1% mensual aplicado hasta ahora resultaba insuficiente para contener expectativas de devaluación.
No obstante, liberar el tipo de cambio sin una red de contención clara podría implicar fuertes riesgos. En una economía donde la dolarización de facto aún pesa —tanto en la formación de precios como en la memoria colectiva—, el salto en el tipo de cambio puede trasladarse rápidamente a los precios. La banda de entre $1.000 y $1.400 es amplia, y sin una intervención activa del BCRA, puede volverse un canal de incertidumbre más que de estabilización.
Además, el impacto sobre el consumo puede ser severo: con salarios aún rezagados respecto de la inflación y una actividad económica en retracción, un nuevo shock de precios podría profundizar la recesión.
¿Y la confianza?
Las medidas anunciadas también están atravesadas por una dimensión política: el gobierno busca mostrar fortaleza y determinación frente a los mercados, reforzando su compromiso con el equilibrio fiscal y la ortodoxia monetaria. Sin embargo, para que estas decisiones resulten sostenibles, es clave que se traduzcan en confianza de la población y del sector productivo. De lo contrario, el riesgo de una corrida cambiaria o de un salto inflacionario sigue latente.
El país que viene
El levantamiento del cepo representa una jugada audaz, con potenciales beneficios a mediano plazo pero riesgos significativos en el corto. Como tantas veces en la historia económica argentina, el éxito o el fracaso de esta medida no dependerá sólo de la técnica, sino de su implementación, del contexto político, de la credibilidad del plan económico y, sobre todo, de la reacción de una sociedad que ya ha pagado muchas veces el costo de los errores.
¿Abrimos una etapa de crecimiento sostenido o nos asomamos a una nueva tormenta? La respuesta, como siempre, estará en el día a día de la calle.
