El recuerdo del controvertido campeón que noqueó a la Discriminación y Xenofobia
El Gran Muhammad Alí hoy cumpliría 79 años. Es considerado el mejor boxeador de todos los tiempos por su estilo encarador y displicente, por su conocimiento acabado del deporte y del rival y por su lucimiento en el cuadrilátero, y es recordado por su compromiso político, su lucha incansable contra la xenofobia y la discriminación y por haberse erigido como una controvertida figura social. Un vanguardista de su época.

Cassius Marcellus Clay, nació el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, Estados Unidos y de ese pasado “Negro” y Pobre subió al ring a disputarle la gloria a grandes deportistas como Sonny Liston, Floyd Patterson, Joe Frazier, George Foreman y nuestro Ringo Bonavena.
Fue el boxeador más legendario, y por miles se cuentan las anécdotas de sus batallas épicas y por ser la figura deportiva que más trascendencia ha tenido en otros ámbitos.
Alí fue el mejor de la historia del boxeo sobre un ring. Ganó 56 peleas de las 61 que disputó y muchas de ellas fueron calificadas como las mejores de todos los tiempos. Es el único boxeador que ha ganado en tres ocasiones el campeonato lineal de peso pesado, en 1964, 1974 y 1978.

Además, fue el primero en conquistar el título mundial de peso pesado, otorgado por la Asociación Mundial de Boxeo, en cuatro ocasiones, en 1964, 1967, 1974 y 1978.
Precisamente uno de los mitos que rodean su figura es que al ser expulsado de bar exclusivo para blancos, arrojó la medalla olímpica que ganara en Roma 1960, como protesta en contra de la segregación social en su propio país.
Ali fue una figura de enorme trascendencia social. Rechazó ser reclutado por las fuerzas armadas de Estados Unidos para combatir en la guerra de Vietnam, formó parte de la Nación del Islam y reivindicó públicamente los derechos afroamericanos.
Aquí les mostramos un video para recordarlo y las declaraciones brindadas a la televisión parecerían ser graciosas, pero no lo son. Son una definición política que le valió renunciar al cristianismo y convertirse al Islam, incluso a cambiarse de nombre.
La descripción excepcional que hace de la identificación de lo malo como lo negro y lo blanco como símbolo de pureza casi virginal y divina, es una realidad de muchos hoy, lo cual resulta valioso recordar para profundizar los cambios efectivos en la sociedad y por qué no en la humanidad, para pretender mayor igualdad, equidad y justicia.
