«Y ahora, qué hacemos»: Hijos homosexuales ante padres desconcertados
Que la homosexualidad es una ideología potable para la sociedad actual y una práctica naturalizada, en un contexto global, no representa novedad alguna. Sin embargo, en esa brecha se posiciona el profesor Andrés Martínez quien describe en esta nota sus efectos pernicioso, advierte sobre el desconcierto que puede provocar la idea de aceptar la inclinación homosexual de un ser amado y revaloriza algunas prácticas elementales en el terreno de las relaciones entre padres e hijos.

La homosexualidad es una distorsión anti-natural que requiere de una comprensión compleja, pero en algún punto ésta puede ser redimible. Las personas con inclinación hacia la homosexualidad, afirman haber nacido con una genética sexual hacia individuos de su mismo sexo, pero hasta la fecha no existe ningún estudio científico fidedigno que lo confirme.
Ahora bien, ¿en realidad se producen diferencias biológicas durante el estado fetal en los niveles hormonales, la genética, los circuitos cerebrales; o acaso los cambios suceden como producto de experiencias que vivieron las personas?. Lo que puedo afirmar es que hasta el presente no se encontraron diferencias anatómicas ni fisiólogas entre homosexuales y heterosexuales, lo cual no sugiero que no hayan estudios realizados para destacar las “diferencias”, pero tales estudios no se practicaron con la rigurosidad científica que el hecho lo amerita.
Existen evidencias médicas que ratifican a la homosexualidad como una condición humana de elección más que genética. En este sentido, países como Suecia, Finlandia, Dinamarca y Estados Unidos, revelaron que la homosexualidad es una conducta inducida, de forma primordial, por el ambiente. Ante estas apelaciones, las naciones de Europa y América del Norte, optaron por denominar a la homosexualidad como un estado o comportamiento normal o como un estilo de vida alternativo y la pliegan a los derechos humanos.

De esta forma, la perspectiva homosexual avanza a pasos agigantados, en donde el foco de atención y atracción son los niños. Se trata, en las escuelas y medios públicos, de convencerlos de que ellos no necesariamente son lo que su constructo biológico determinó que sean, sino que pueden explorar y “disfrutar” de otros placeres que los dignifique e “iguale” a otros. De alguna forma, la tendencia homosexual se instala con fuerza en sus cerebros y de pronto expresan a sus padres el deseo de ser un homosexual o declaran que ellos nacieron así, y allí es en donde los padres se sienten confundidos y desconcertados. No saben cómo reaccionar, que palabras decir ni qué decisión tomar. Para algunos padres, esta clase de situaciones los pone en una posición de vulnerabilidad emocional y decaimiento social…pareciera que todo se terminó.
En Argentina, desde el año 2010 en que se sancionó la ley de matrimonio igualitario, el 21 por ciento de las 24.228 parejas homosexuales del país tiene hijos a su cargo, según reveló el último informe del Censo Nacional 2010. El 0,33 por ciento de las 7.304.489 parejas del país está conformado por integrantes del mismo sexo. Del total de uniones gays con hijos, el 97,5 por ciento es de mujeres. Según el Indec, el número de parejas del mismo sexo refleja a las personas que en el censo se identificaron como jefes/as de hogar con un/a cónyuge del mismo sexo, sea esta unión legal o consensual.
Los datos mostrados, reflejan el creciente aumento de personas que se identifican como homosexuales y tal mudanza vulnerabiliza la identidad heterosexual casi por completo. Es aquí en donde la familia juega un rol primordial en cuanto a ser los agentes protectores de la verdadera identidad biológica de los hijos. Estos sucesos nos exige una pronta reacción de conservar la identidad natural por sobre las amenazas ideológicas que promueven conductas anti-naturales, como lo es la homosexualidad.

Para evitar el desconcierto al escuchar que un hijo/a se ha inclinado hacia las conductas homosexuales, deben de darse algunas prácticas elementales que anule esta tragedia que, por cierto, lo denomino así, dado a que el problema esencial de la homosexualidad se circunscribe al nivel del corazón y sus efectos pueden ser sin precedentes. Por lo tanto, los padres y en relación a sus hijos/as:
- Deben asumir el firme compromiso de afianzar los roles y conductas propias de cada sexo.
- Deben dialogar e indagar con frecuencia con sus hijos sobre los problemas emocionales que pudieran estar enfrentando.
- Deben valorar las habilidades masculinas y femeninas de sus progenitores.
- Deben motivarlos a ejercer los roles propios del sexo biológico y según su edad.
- Deben cultivar hábitos propios de un deber ser varón y deber ser mujer.
- Deben promover espacios de juego y deporte asociado a su edad y condición natural.
- Deben mostrarles las consecuencias de sus elecciones de vida.
- Deben ayudarlos a decir responsablemente sobre su sexualidad y colaborar con la prohibición de aquellas cosas que pueden hacerles un daño en su arquetipo. No olvidemos, la sociedad solo les muestra prototipos y estereotipos.
Nunca dejemos de tener un acercamiento empático hacia nuestros hijos. Ellos necesitan padres presentes y diligentes. Ellos necesitan el límite paterno y materno que les ayude a no amoldarse a las costumbres destructivas de este siglo. Los niños son el blanco de las ideologías homosexuales y los padres, son el bloque a derribar y quitar para así, convertirlos en entes ideales y no en personas racionales.

