2 de mayo de 2026

Victoria Villarruel gana visibilidad en la Chaya pese al bajo perfil de la TV Pública

En un contexto de tensiones internas y disputas por la centralidad política, la escena en la Chaya evidenció que la vicepresidenta busca ampliar su margen de acción más allá del rol formal que le asigna la Constitución.

Ph: Agencia NA

La participación de Victoria Villarruel en la Fiesta Nacional de la Chaya, en La Rioja, trascendió lo folklórico y adquirió una dimensión política.

Mientras la TV Pública evitó darle protagonismo en la transmisión oficial, la vicepresidenta logró centralidad mediática al integrarse espontáneamente a la celebración popular, en una escena que contrastó con la cobertura otorgada semanas atrás a Javier Milei durante el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María.

A diferencia del Presidente, que en Jesús María subió al escenario y participó activamente del espectáculo, Villarruel optó por mezclarse con el público, bailar con harina en el rostro y lucir el tradicional ramo de albahaca, cumpliendo con el ritual típico riojano. La escena, ampliamente replicada en redes sociales, terminó otorgándole una visibilidad que no tuvo en la transmisión oficial y que fue leída en clave política.

El episodio reavivó debates sobre el uso de la pantalla estatal y la disputa simbólica dentro del oficialismo. La ausencia de menciones destacadas a la vicepresidenta recordó antecedentes de etapas en las que la comunicación gubernamental priorizaba una figura excluyente y relegaba a dirigentes considerados disonantes. En este caso, la omisión no hizo más que reforzar la percepción de una interna abierta en la cúpula del poder.

La dimensión política del viaje se profundizó con la recepción institucional que le brindó el gobernador Ricardo Quintela, uno de los mandatarios provinciales más críticos del Ejecutivo nacional. El gesto tuvo peso simbólico: Quintela integra el grupo de gobernadores que quedaron marginados de las convocatorias formales impulsadas por la Casa Rosada, junto a Axel Kicillof, Gildo Insfrán y Gustavo Melella.

Durante su visita, Villarruel reforzó un discurso de impronta federal y de cercanía territorial, subrayando la necesidad de mantener vínculos institucionales con todas las provincias. Esa postura contrasta con la estrategia confrontativa que Milei sostiene frente a lo que denomina “la casta provincial”. La vicepresidenta, en cambio, parece apostar a un esquema de reconocimiento institucional y construcción política propia.

La escala en La Rioja no fue, entonces, un mero gesto protocolar. Funcionó como señal de autonomía dentro del binomio presidencial y como intento de consolidar un perfil diferenciado, con anclaje territorial y diálogo con actores que hoy se encuentran distanciados del Ejecutivo nacional.

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