11 de mayo de 2026

Trump reaviva la polémica en Davos al insistir en la compra de Groenlandia y cuestionar la soberanía danesa

Las declaraciones de Trump en Davos no solo reavivan una propuesta que ya había generado rechazo internacional en el pasado, sino que también exponen una concepción de las relaciones internacionales basada en la fuerza y la conveniencia estratégica, más que en el respeto al derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos.

Ph: BBC

Durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner en el centro del debate internacional su controvertida idea de adquirir Groenlandia, al asegurar que busca “negociaciones inmediatas” para que el territorio pase a control estadounidense.

Sus declaraciones, lejos de ser un gesto diplomático, evidencian una visión geopolítica utilitarista que reduce la isla a un activo estratégico y reabre tensiones con Dinamarca, país del que Groenlandia forma parte.

Trump justificó su postura afirmando que “no hay señales” reales de Dinamarca en la isla y acusó a Copenhague de invertir menos recursos de los prometidos en el territorio. En su discurso, sostuvo que “solo Estados Unidos puede proteger esta gigantesca masa de tierra, este gigantesco trozo de hielo, desarrollarlo y mejorarlo”, una afirmación que sugiere una deslegitimación directa de la soberanía danesa y del derecho de los groenlandeses a decidir su propio futuro.

El mandatario describió a Groenlandia como un “vasto país casi deshabitado y subdesarrollado, indefenso”, un lenguaje que ha sido ampliamente criticado por su tono paternalista y colonial. Aunque Trump aseguró sentir “un tremendo respeto” por los pueblos de Groenlandia y Dinamarca, sus palabras contrastan con una narrativa que presenta a la isla como incapaz de garantizar su propia seguridad sin la tutela estadounidense.

Llama la atención que, en un giro discursivo, Trump minimizara la importancia de los recursos naturales al afirmar que “no existen tierras raras en Groenlandia” y que lo verdaderamente relevante es su valor estratégico para la seguridad nacional e internacional. Esta admisión refuerza la lectura de que el interés estadounidense responde principalmente a consideraciones militares y geopolíticas en el Ártico, una región cada vez más disputada por las grandes potencias ante el deshielo y la apertura de nuevas rutas marítimas.

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