3 de julio de 2026

Según un premio Nobel de Economía, el salvataje de EE.UU. es para que “el dinero inteligente huya antes del derrumbe”

Los dichos de Krugman revela la otra cara del salvataje: lo que para Washington se presenta como un apoyo geopolítico contra China, para la crítica internacional aparece como un esquema de especulación financiera que privilegia a amigos del poder y pone en riesgo tanto a los contribuyentes estadounidenses como a la ya frágil estabilidad argentina.

El premio Nobel de Economía Paul Krugman lanzó una crítica demoledora contra el acuerdo financiero de u$s20.000 millones entre Estados Unidos y la Argentina, al que calificó como una “peligrosa intromisión” diseñada más para blindar intereses privados que para sostener la economía local.

En su análisis, el economista denunció que la operación no busca rescatar al gobierno de Javier Milei, sino “proteger las apuestas de los amigos de Scott Bessent”, actual secretario del Tesoro y exgestor de fondos de inversión.

Krugman señaló que el Tesoro norteamericano está utilizando recursos públicos para sostener artificialmente el peso argentino, creando un “puente financiero” que permitiría a grandes fondos de cobertura desprenderse de activos argentinos sobrevaluados antes de un inminente colapso cambiario.

La crítica apuntó directamente a la connivencia entre funcionarios y financistas, destacando el caso de Rob Citrone, viejo socio de Bessent, que habría adquirido activos argentinos poco antes del anuncio.

El Nobel ironizó sobre la selectividad moral de la administración Trump: “Se niega ayuda humanitaria esencial, pero una línea de rescate al gobierno de derecha de Argentina, ¡ningún problema!”. La comparación expuso la dimensión política del acuerdo: un salvataje de carácter ideológico disfrazado de inversión estratégica.

Más allá de la denuncia ética, Krugman advirtió sobre la inviabilidad técnica del plan económico libertario. Definió la estrategia de Milei como una “estabilización basada en el tipo de cambio” y la comparó con el fallido Plan de Convertibilidad de 2001: euforia inicial seguida de desastre.

En su visión, los u$s20.000 millones no bastarán para sostener la economía y solo servirán para que “el dinero inteligente huya antes del derrumbe”.

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