Entre Washington y Pekín: Francos niega que el pacto implique romper con China
El contraste entre Bessent y Francos expone la doble naturaleza del acuerdo: para Estados Unidos, un movimiento geopolítico contra China; para la Casa Rosada, una jugada que combina oxígeno financiero con pragmatismo comercial. Argentina, en definitiva, se mueve entre dos polos: el alineamiento político con Washington y la dependencia económica de su principal comprador de soja, carne y litio.

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, buscó moderar la interpretación geopolítica del reciente respaldo financiero de Estados Unidos a la Argentina y relativizó las palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien había exaltado el compromiso de Javier Milei de “sacar a China del país”.
En declaraciones a Radio Rivadavia, Francos sostuvo: “No creo que el acuerdo sea excluir a China de la Argentina” y subrayó que los vínculos comerciales con Beijing continúan vigentes, al igual que con Brasil, principales socios comerciales del país.
La aclaración adquiere relevancia en un contexto en el que Milei rechazó formalmente el ingreso de Argentina al bloque BRICS en 2024, pero ratificó la continuidad de los acuerdos bilaterales. La línea expuesta por Francos marca un matiz respecto al relato estadounidense: mientras Washington exhibe el apoyo como parte de una estrategia para contener la influencia china en América Latina, el Gobierno argentino busca mantener la puerta abierta al comercio con Pekín, en particular al swap de monedas que sostiene las reservas del Banco Central.
Francos también admitió que no ha visto un acuerdo formal firmado y que será el ministro de Economía, Luis Caputo, quien defina los términos con el presidente Milei. De todos modos, insistió en que el respaldo norteamericano responde, antes que nada, a la confianza en el programa económico libertario y a la relación personal entre Milei y Donald Trump, quienes volverán a encontrarse en la Casa Blanca el 14 de octubre, a días de las elecciones legislativas.
