Se debilita el ánimo económico: la confianza del consumidor cae por tercer mes seguido
La percepción económica de los argentinos continúa deteriorándose. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, registró en abril una caída del 5,7%, acumulando así tres meses consecutivos en baja y consolidando una tendencia descendente que refleja el enfriamiento del consumo.

El retroceso no es menor si se observa en perspectiva: en comparación con el mismo mes del año pasado, el indicador muestra una disminución superior al 10%, mientras que desde el pico alcanzado en enero de 2025 acumula una caída total de más del 16%. Estos datos, procesados por el Centro de Investigación en Finanzas, surgen de un relevamiento realizado en distintos centros urbanos del país durante abril.
El deterioro es generalizado, aunque no homogéneo. Las regiones del interior registraron la baja más pronunciada, seguidas por la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Sin embargo, la señal más preocupante aparece al analizar los ingresos: los hogares más vulnerables fueron los más golpeados, con una caída significativamente mayor en su nivel de confianza en comparación con los sectores de mayores recursos.
Todos los componentes del índice mostraron resultados negativos, con una contracción especialmente fuerte en la disposición a adquirir bienes durables e inmuebles. Este dato no solo refleja cautela, sino también una retracción estructural del consumo, ya que este tipo de decisiones suele estar asociado a expectativas de estabilidad económica.
Asimismo, tanto la evaluación del presente como las proyecciones a futuro evidencian un deterioro.
La caída más abrupta en las condiciones actuales sugiere que el impacto de la coyuntura económica ya se siente de manera concreta en los hogares, mientras que el retroceso en las expectativas indica una pérdida de confianza en una recuperación a corto plazo.
En este contexto, el indicador no solo describe una caída en el ánimo social, sino que también funciona como una señal de alerta sobre el rumbo económico. La persistencia de esta tendencia plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas implementadas y sobre la capacidad de recomponer el consumo, un motor clave para la actividad económica.
