¿Salvataje económico por Vaca Muerta y centrales nucleares?
La jugada, impulsada por el ministro Luis Caputo, se plantea como llave de negociación con el Tesoro de Estados Unidos, pero abre un debate de fondo sobre soberanía energética y subordinación geopolítica.

En medio de la desesperación por recomponer las reservas y acceder al Fondo de Estabilización Cambiaria, el gobierno argentino presentó una propuesta que roza lo temerario: vender el 49% de Nucleoeléctrica Argentina y entregar concesiones de pozos en Vaca Muerta a consorcios estadounidenses, consignó Crónica Política. El interés norteamericano no es casual. Argentina cuenta con reservas de uranio estratégicas, hasta ahora sin explotación sistemática, que podrían convertirse en pieza clave del tablero global de recursos críticos.
El propio titular de Nucleoeléctrica, Demian Reidel, deslizó que la empresa tiene la capacidad de comercializar uranio y que el país “desaprovecha un recurso cuantioso”. Sin embargo, más allá del potencial económico, la propuesta implica ceder a Washington un recurso de seguridad nacional, en un contexto donde la energía nuclear vuelve a ganar protagonismo en el mundo.
La operación, además, tendría un objetivo colateral: frenar la construcción de Atucha III, un proyecto con financiamiento chino de 8.000 millones de dólares. En otras palabras, el salvataje financiero se convertiría en un golpe diplomático que realinea a la Argentina con Estados Unidos, al precio de dinamitar un acuerdo estratégico con Beijing.
El trasfondo de esta maniobra expone la fragilidad estructural del país: la escasez crónica de dólares y la falta de un modelo de desarrollo propio lo empujan a hipotecar sus activos más sensibles. Si el acuerdo avanza, Argentina no solo resignaría el control sobre parte de su infraestructura energética, sino que quedaría atada a la agenda geopolítica de Washington, relegando cualquier margen de autonomía.
El “todo está sobre la mesa” que circula en los pasillos del Ministerio de Economía refleja más una confesión de impotencia que una estrategia. El riesgo es que, en la búsqueda urgente de dólares, se terminen comprometiendo los cimientos de la soberanía energética y se abra la puerta a un nuevo ciclo de dependencia, esta vez con uranio y shale oil como fichas de cambio.
