26 de mayo de 2026

Salarios registrados pierden contra la inflación por segundo mes consecutivo mientras cae la desigualdad, según el INDEC

En un contexto de persistente fragilidad económica y con el nuevo esquema de flotación cambiaria todavía generando incertidumbre, los salarios registrados volvieron a perder frente a la inflación en abril, marcando el segundo mes consecutivo de deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores formales.

De acuerdo al último informe publicado este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), los salarios registrados crecieron en promedio un 2,4% durante abril, mientras que el índice de precios al consumidor avanzó un 2,8% en el mismo período. Este desfasaje alimenta el proceso de licuación de ingresos que afecta tanto al sector privado como al público.

Si se observa la evolución anual, el índice de salarios acumuló una suba del 74,3% interanual, pero con fuertes disparidades: el sector privado registrado mostró un alza de 61%, el sector público de 58,6%, y el sector privado no registrado —el segmento más vulnerable— saltó 182,9%, reflejando los rezagos previos y los intentos de recomposición salarial en la informalidad.

El impacto del nuevo régimen de flotación del tipo de cambio, que flexibilizó parcialmente el cepo para las personas físicas, se sintió con fuerza en abril y explica parte de la presión inflacionaria que terminó superando la recomposición salarial promedio.

En términos acumulados desde diciembre, los salarios formales apenas lograron avanzar un 13,8%, con el sector privado registrado creciendo 9,6%, el público 11,4% y el no registrado 32,6%, lo que sigue dejando un piso bajo para la recuperación del ingreso real, en un escenario donde las expectativas inflacionarias aún no se consolidan de manera estable.

La desigualdad se redujo, aunque persisten brechas de ingresos

En paralelo, el mismo informe del INDEC reflejó un dato llamativo: el coeficiente de Gini —indicador que mide la desigualdad de ingresos— alcanzó en el primer trimestre un valor de 0,435, el más bajo para ese período desde 2022. Esto implica una leve mejora en la distribución del ingreso, a pesar de la percepción de que la actividad económica beneficia de forma despareja a los sectores de mayores ingresos.

La lectura del Gini sugiere que, aunque los salarios pierden frente a la inflación, la caída de ingresos ha sido relativamente homogénea, moderando la brecha entre los más pobres y los más ricos.

En términos de ingresos concretos, el promedio per cápita de la población fue de $541.198, mientras que la mediana —el punto en que la mitad gana más y la otra mitad menos— se ubicó en $397.500. Además, el 62,5% de la población (alrededor de 18,6 millones de personas) percibió algún tipo de ingreso, con un promedio de $855.714.

Las diferencias entre estratos permanecen considerables: el ingreso promedio del segmento bajo fue de $290.260, el del segmento medio alcanzó $794.063, y el del estrato alto superó los $2,1 millones, lo que ilustra la persistencia de amplias brechas estructurales a pesar de la caída relativa de la desigualdad medida por el Gini.

Un horizonte todavía incierto

Estos datos, en conjunto, confirman que la recuperación del salario real sigue siendo un desafío central para la administración de Javier Milei, que enfrenta la tensión entre consolidar la estabilidad monetaria y evitar un mayor deterioro de los ingresos.

La reducción de la desigualdad, aunque estadísticamente positiva, no logra disimular el hecho de que la mayoría de los trabajadores sigue perdiendo capacidad de compra frente a precios que continúan en ascenso, aun con una inflación moderadamente más baja.

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