Salarios en retroceso: la mayoría de los trabajadores argentinos no logra sostener ingresos hasta fin de mes
El relevamiento refleja una economía donde los indicadores financieros pueden mostrar cierta moderación, pero donde millones de trabajadores todavía viven bajo una lógica de ajuste permanente, sin capacidad de ahorro, con mayor endeudamiento y con salarios que duran cada vez menos.

La desaceleración de la inflación todavía no se traduce en una mejora concreta para los trabajadores argentinos. Aunque los indicadores macroeconómicos muestran cierta estabilidad respecto de los niveles más críticos de años anteriores, la realidad cotidiana continúa marcada por salarios deteriorados, endeudamiento creciente y una fuerte pérdida de capacidad de consumo.
Un relevamiento realizado por Bumeran reveló que el 73% de los asalariados asegura que su sueldo se agota antes de la segunda mitad del mes, un dato que refleja el profundo desgaste del poder adquisitivo y la creciente dificultad para afrontar gastos esenciales.
El estudio expone además una situación de fragilidad económica estructural: casi 3 de cada 10 trabajadores destinan la totalidad de sus ingresos apenas cobran, absorbidos por alquileres, servicios, deudas y obligaciones básicas. En contraste, apenas una minoría logra llegar a fin de mes con algún margen financiero.
Detrás de estas cifras aparece una realidad cada vez más extendida entre los hogares argentinos: el salario dejó de funcionar como herramienta de progreso o planificación y pasó a cumplir únicamente una función de supervivencia inmediata.
La percepción de deterioro es prácticamente unánime. El 87% de los encuestados considera que sus ingresos ya no alcanzan para cubrir necesidades básicas, mientras que una amplia mayoría asegura que su capacidad de compra empeoró en los últimos meses pese a la desaceleración inflacionaria.
El informe también muestra cómo los gastos fijos consumen gran parte de los ingresos mensuales. El alquiler encabeza las principales erogaciones, seguido por alimentos y pago de deudas, en un escenario donde las familias destinan cada vez más recursos a sostener consumos esenciales y menos a actividades vinculadas al bienestar o al ahorro.
En ese contexto, ahorrar se convirtió en una excepción más que en una posibilidad real. El 90% de los trabajadores afirma que no puede guardar dinero a fin de mes, mientras que quienes logran hacerlo reservan porcentajes mínimos de sus ingresos, generalmente como mecanismo defensivo frente a la incertidumbre económica.
El crecimiento del endeudamiento aparece como otra de las señales más preocupantes del escenario actual. Más de tres cuartos de los trabajadores mantiene algún tipo de deuda y una parte importante reconoce que utilizaría cualquier mejora salarial para cancelar compromisos pendientes antes que para consumir o invertir.
La situación también evidencia un fenómeno social más profundo: el deterioro de los ingresos no sólo afecta el consumo individual, sino también las redes de contención familiar. La mitad de los encuestados aseguró ayudar económicamente a familiares o personas cercanas, ampliando aún más la presión sobre salarios ya debilitados.
El informe pone además en discusión uno de los principales argumentos económicos del actual escenario: que la desaceleración de la inflación implica automáticamente una recuperación del bienestar social. Los datos muestran que, aun con menores niveles de suba de precios, los ingresos continúan rezagados frente al costo de vida acumulado tras años de pérdida salarial.
Especialistas advierten que la recuperación del salario real no depende únicamente de controlar la inflación, sino también de recomponer ingresos, recuperar empleo de calidad y reconstruir capacidad de consumo interno. Sin esos factores, la estabilidad macroeconómica corre el riesgo de convivir con un deterioro persistente de las condiciones de vida.
