Rubio impulsa una estrategia de control regional bajo el discurso antidrogas y de seguridad subordinada a EE.UU
Bajo el pretexto de cooperación en seguridad, Washington combina presión política, acuerdos militares y condicionamientos económicos, mientras los gobiernos locales profundizan reformas y despliegan medidas de seguridad que reflejan una creciente subordinación a los intereses de EE.UU.

En una ofensiva que refuerza la presencia y la influencia de Estados Unidos en América Latina, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, realizó una gira por Ciudad de México y Quito, evidenciando la continuidad de la estrategia del gobierno norteamericano para consolidar un eje regional de control y lucha contra el narcotráfico.
En México, la firma conjunta de un acuerdo de cooperación en seguridad con el gobierno de Claudia Sheinbaum coincidió con condenas internacionales a líderes del Cártel de Sinaloa y con un aumento en las operaciones del Estado mexicano en las fronteras y centros de tráfico de fentanilo.
La presidenta subrayó la importancia de mantener la soberanía en las negociaciones, en medio de acusaciones opositoras de injerencia extranjera, y de una estrategia que intenta equilibrar la lucha contra los cárteles con la preservación de la autonomía nacional.
Por su parte, en Ecuador, el gobierno de Daniel Noboa, en medio de una crisis de seguridad sin precedentes, impulsa una política de securitización que incluye la posible reimplantación de bases militares estadounidenses y la criminalización de organizaciones locales, en un contexto de medidas de excepción y reformas legislativas controvertidas.
La reciente instalación de una base en Galápagos, bajo el argumento de luchar contra el narcotráfico, representa una vuelta a una política de influencia militar extranjera que revierte décadas de soberanía regional.
Estos movimientos reflejan cómo la estrategia de seguridad impulsada por EE.UU. opera como un vehículo de subordinación geopolítica, con un fuerte componente de control militar y político en toda la región, en línea con la doctrina del combate al “narcoterrorismo”.
La región enfrenta así una creciente involucra de Washington en sus asuntos internos, en un contexto donde la lucha contra el narcotráfico se convierte en un medio para consolidar su influencia y limitar la autonomía de los países latinoamericanos.
