Rigolleau ajusta su modelo: reduce producción nacional y recurre a importaciones desde China
El caso de Rigolleau resulta ilustrativo de un fenómeno más amplio: incluso compañías con trayectoria, escala y posicionamiento enfrentan crecientes dificultades para sostener la producción local frente a un escenario económico desafiante. La transición hacia la importación de bienes básicos deja al descubierto un dilema central: cómo mantener capacidad industrial en un contexto donde producir en el país se vuelve cada vez menos viable.

La decisión de Rigolleau de recortar parte de su producción local y comenzar a importar vajilla desde China marca algo más que un cambio operativo: expone las tensiones que enfrenta la industria nacional para competir en un contexto de caída del consumo, retroceso exportador y presión de productos externos más baratos.
La histórica vidriera, con más de un siglo de actividad en Berazategui, atraviesa un deterioro sostenido en sus indicadores económicos. En 2025 registró pérdidas por más de 5.500 millones de pesos, duplicando los resultados negativos del año anterior, mientras que sus ventas cayeron en términos reales cerca de un 19%. A esto se suma una baja en los volúmenes producidos y despachados, que refleja el freno general de la actividad.
En este escenario, la empresa optó por una estrategia defensiva: dejar de fabricar localmente ciertos productos de menor valor agregado —como la vajilla— para sustituirlos por importaciones. La lógica es clara: los costos de producción interna superan ampliamente a los de los bienes que llegan desde Asia, incluso considerando logística y embalaje.
Sin embargo, esta decisión plantea interrogantes más profundos sobre el futuro del entramado industrial. La sustitución de producción por importaciones no sólo implica una reconfiguración del negocio, sino también una señal de pérdida de competitividad estructural.
El impacto ya se hace visible en la planta: durante el último año, la compañía apagó tres hornos y redujo su dotación en alrededor de 100 trabajadores. Aunque por el momento no se anticipan nuevos despidos, el clima interno refleja incertidumbre ante la posibilidad de que el ajuste continúe.
Actualmente, la firma opera con apenas el 60% de su capacidad instalada, un nivel que evidencia la magnitud de la contracción. A su vez, las exportaciones —clave para sostener escala y divisas— se desplomaron casi un 38%, profundizando el desequilibrio.
A pesar de este cuadro, la empresa busca preservar sus segmentos más rentables y estratégicos, como la producción de envases para las industrias farmacéutica y alimentaria, donde la demanda se mantiene relativamente estable.
