Responsabilidad política: cuando la economía empuja a la supervivencia
El consumo de carne de burro por falta de ingresos no representa un cambio de hábito: es, en realidad, el retrato del fracaso estrepitoso de un modelo económico.
Por Gustavo Darchuk*

Una oposición responsable debería señalar, sin rodeos, al menos tres verdades ineludibles. La primera es la destrucción del salario.
Pasar de percibir ingresos con capacidad de compra en dólares a recurrir a carnes de emergencia evidencia que la inflación y la devaluación han aniquilado la dignidad del trabajador.
El relato de la “soberanía” se estrella, así, contra una mesa vacía.
La segunda verdad es el colapso productivo. Resulta inaceptable que un país con potencial ganadero someta a su población a condiciones de miseria alimentaria. Desde el oficialismo se han erosionado los incentivos para producir lo básico, transformando una proteína tradicional en un lujo prohibitivo.
La tercera es el enfoque equivocado del rol del Estado. Se ha empujado a la sociedad hacia una lógica de supervivencia, como si gobernar consistiera en administrar la escasez. Pero gobernar implica generar progreso, no resignarse a la carencia.
Cuando el Estado obliga al ciudadano a elegir entre el hambre o carnes marginales, ha perdido su razón de ser.
Estamos frente a un modelo que no solo falló, sino que reincide en su fracaso: ha convertido el desarrollo en mera subsistencia. Recuperar el poder adquisitivo ya no es una opción técnica; es un imperativo moral. Se trata, en última instancia, de una obligación ética: restituir principios de justicia, bienestar y dignidad para devolverle la decencia al país y a su gente.
*Escribano, dirigente político, precandidato a intendente por la Capital
