Reforma laboral: ex ministro de Menem dijo que es para beneficiar a las grandes empresas
Según su análisis, el extenso proyecto no busca una modernización equilibrada, sino que está diseñado para consolidar el poder de dirección de las grandes corporaciones en detrimento de los derechos colectivos.

El exministro de Trabajo José Armando Caro Figueroa ha planteado una visión crítica sobre la ambiciosa reforma laboral impulsada por la actual administración, describiéndola como un proceso profundo pero marcadamente sesgado.
Para el exfuncionario, el texto representa una de las modificaciones más drásticas en la historia del derecho laboral argentino, interviniendo sobre el contrato individual y la libertad sindical mediante una lógica de confrontación antes que de consenso social.
Desde la perspectiva de quien gestionó la cartera laboral en los años noventa, esta iniciativa se percibe como el resultado de una puja política destinada a desmantelar los espacios de influencia ganados por las organizaciones gremiales. Caro Figueroa sostiene que el objetivo central no es la
reducción de los costos operativos para fomentar el empleo, sino el rescate de la autoridad unilateral del empleador. Esta postura se evidencia en la apertura hacia la negociación individual y la restricción del derecho de huelga, medidas que, sumadas a la asfixia económica de los sindicatos, buscan debilitar sistemáticamente la capacidad de resistencia y negociación de los trabajadores.
Un eje central de su preocupación radica en la repetición de fórmulas administrativas que ya demostraron su ineficacia en décadas pasadas. El exministro advierte que la habilitación de pactos que perjudican situaciones precedentes y la fragmentación de las asociaciones sindicales a través de la creación de gremios por empresa generan una inseguridad jurídica que ahuyenta la inversión productiva.
Además, señala que el proyecto ignora las asimetrías geográficas del país al mantener un esquema unitario que no ofrece soluciones específicas para las necesidades del Norte Grande, dejando el destino de las economías regionales en manos de las cúpulas porteñas.
Finalmente, el análisis cuestiona los pilares retóricos del Gobierno al calificar como falacias los argumentos sobre la erradicación de la informalidad y la industria del juicio mediante cambios normativos.
Caro Figueroa sostiene que el trabajo no registrado es un problema de política económica y capacitación, no de legislación laboral, y critica duramente figuras como el Fondo de Asistencia Laboral por considerarlas extravagancias que desfinancian la seguridad social para abaratar despidos.
En su conclusión, subraya que cualquier reforma con vocación de permanencia debería basarse en la autonomía real de los actores sociales y en un diálogo institucional que respete la Constitución y los tratados internacionales.
