Gas abundante, pero sin capacidad para llegar a los usuarios: la crisis que vuelve a exponer el límite de la infraestructura energética
La nueva ola de frío volvió a colocar al sistema energético argentino frente a una contradicción que ya no parece coyuntural: el país dispone de altos niveles de producción de gas natural, especialmente desde Vaca Muerta, pero enfrenta dificultades para transportarlo hacia los centros de consumo. El resultado es un escenario de restricciones simultáneas para estaciones de GNC, industrias y, potencialmente, otros segmentos del sistema energético.

La Asociación del Personal Jerárquico del Gas (APJ-Gas) advirtió que la situación refleja un problema estructural más profundo que un simple aumento estacional de la demanda. Según la entidad, “hay sobreproducción de gas natural, pero no existe capacidad suficiente para transportarlo y satisfacer la demanda interna”, una definición que resume la paradoja central del actual esquema energético argentino.
El episodio se produce apenas semanas después de los cortes y limitaciones registrados al comienzo del invierno, cuando varias estaciones de servicio con contratos interrumpibles denunciaron restricciones en el suministro. Ahora, con temperaturas nuevamente por debajo de lo habitual, las autoridades priorizaron el abastecimiento residencial y comenzaron nuevas limitaciones para el GNC y numerosas industrias del centro y norte del país.
Un sistema que distribuye escasez en lugar de administrar abundancia
El diagnóstico del gremio apunta a que el problema no reside únicamente en la producción, sino en la incapacidad del sistema para responder de manera equilibrada cuando aumenta el consumo. En la práctica, el esquema actual funciona como un mecanismo de traslado de restricciones entre sectores: cuando crece la demanda domiciliaria se recortan consumos industriales y de GNC; cuando la actividad productiva se recupera, la presión se traslada sobre los hogares y las centrales eléctricas.
La situación adquiere mayor complejidad porque parte del gas excedente continúa exportándose a Chile, Uruguay y Brasil bajo condiciones desreguladas, mientras el país mantiene la necesidad de importar Gas Natural Licuado (GNL) mediante barcos a precios considerablemente más altos. Para APJ-Gas, esta combinación evidencia una falta de coordinación entre la política de exportación y las necesidades del mercado interno.
Tarifas en aumento y obras demoradas
En su comunicado, la organización también cuestionó el impacto social del esquema tarifario vigente. Señaló que las temperaturas descienden mientras las tarifas continúan aumentando, lo que dificulta el acceso a un servicio público esencial como el transporte y la distribución de gas. Además, advirtió que el costo de la energía eléctrica podría incrementarse durante el verano, debido a que gran parte de la generación utiliza gas natural como combustible principal.
El gremio vinculó esta situación con la demora de obras consideradas estratégicas, entre ellas la reversión del Gasoducto Norte y la planta compresora de Las Armas, infraestructura que permitiría mejorar el abastecimiento en distintas regiones del país y reducir los cuellos de botella actuales.
El cuello de botella de la infraestructura
Durante las últimas dos décadas se realizaron ampliaciones y extensiones regionales de gasoductos, además de habilitarse el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA). Sin embargo, APJ-Gas sostiene que la expansión resultó insuficiente frente al crecimiento de la demanda. El único gasoducto troncal de gran escala construido recientemente fue el primer tramo del Gasoducto Néstor Kirchner —actualmente denominado Francisco P. Moreno—, inaugurado en 2023.
La organización subraya que el impacto nacional de esa obra quedó limitado porque no avanzó la construcción de su segundo tramo, lo que impide aprovechar plenamente el potencial productivo de Vaca Muerta para abastecer al conjunto del sistema.
El contraste entre infraestructura y demanda resulta significativo: Argentina pasó de unos cinco millones de usuarios de gas natural en el año 2000 a más de nueve millones en la actualidad, mientras la expansión de los gasoductos no acompañó ese crecimiento en la misma proporción.
Más que una crisis climática, una señal de desarticulación
El planteo de APJ-Gas introduce una discusión de fondo sobre el rumbo de la política energética. Según la entidad, el sistema está excesivamente orientado hacia la futura exportación de gas natural, sin una estrategia integral que priorice simultáneamente el abastecimiento interno y el desarrollo de infraestructura.
La advertencia central es que la Argentina no enfrenta un problema de falta de recursos energéticos, sino de planificación, transporte y coordinación de inversiones. Con una matriz energética compuesta en un 52% por gas natural, las restricciones recurrentes durante cada pico de consumo revelan que el desafío ya no es producir más gas, sino construir la capacidad necesaria para que esa abundancia llegue efectivamente a hogares, industrias y generación eléctrica.
En esa tensión entre producción récord y restricciones recurrentes se resume una de las principales paradojas de la energía argentina: un país con recursos suficientes que todavía no logra garantizar un abastecimiento estable para su propio mercado interno.
