Pro Tejer cruzó a Caputo y advirtió que las importaciones pone en riesgo a toda la industria textil
La Fundación Pro Tejer respondió con un extenso y crítico pronunciamiento en el que puso en cuestión el diagnóstico oficial y advirtió sobre las consecuencias económicas y sociales del rumbo adoptado.

Las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, contra la industria textil desataron una fuerte reacción del sector. Luego de que el funcionario calificara al rubro como un ejemplo de “proteccionismo” y afirmara que nunca compró ropa en el país por considerarla excesivamente cara.
Para la entidad, los dichos del ministro no solo simplifican el debate, sino que desconocen las causas estructurales que explican los precios elevados en la Argentina. En ese sentido, Pro Tejer sostuvo que el fenómeno no es exclusivo de la indumentaria, sino que atraviesa a casi todos los bienes de la economía, desde alimentos hasta medicamentos y productos industriales.
“El problema no es sectorial, es sistémico”, planteó, marcando distancia con la idea de que los costos se expliquen únicamente por ineficiencias empresariales o falta de competencia.
El comunicado apuntó especialmente contra el entorno macroeconómico, al que señaló como el principal factor que erosiona la competitividad de la producción local. Entre los elementos destacados se encuentran la elevada carga impositiva —que representa cerca del 50% del precio final de una prenda—, el alto costo del financiamiento, los alquileres en centros comerciales muy por encima de estándares internacionales y una logística que encarece el traslado interno más que la importación desde Asia.
A eso se suma, según Pro Tejer, un tipo de cambio apreciado que abarata artificialmente las importaciones y encarece la producción nacional en dólares, además de desalentar las exportaciones. Como ejemplo, la fundación recordó que marcas globales venden en Argentina prendas fabricadas en Asia a precios más altos que en Europa o Brasil, lo que evidencia que el costo de fabricación —inferior al 10% del precio final— no es la variable decisiva.
La crítica también se extendió a las decisiones de política comercial del actual Gobierno, como la reducción de aranceles a la importación de ropa del 35% al 20%, una medida que, según la entidad, beneficia principalmente a productos chinos y va a contramano de las prácticas de países desarrollados. En la misma línea, cuestionó la falta de regulación e impuestos para las plataformas digitales y alertó sobre el crecimiento exponencial de la importación de ropa usada, con impactos ambientales, sanitarios y productivos.
En uno de los pasajes más duros, Pro Tejer rechazó la minimización del impacto laboral del sector. Recordó que la cadena textil emplea a más de 540 mil personas, distribuidas en todo el país, y sostuvo que el empleo industrial no es fácilmente reemplazable. “Detrás de cada puesto hay conocimiento, formación y tejido social que no se reconstruyen de un día para otro”, advirtió, en respuesta a la idea de que los trabajadores podrían reinsertarse rápidamente en otras actividades.
Finalmente, la fundación cuestionó el supuesto central del discurso oficial: que la apertura económica, por sí sola, permitirá bajar precios y mejorar el bienestar. Para Pro Tejer, el problema de fondo es la caída del poder adquisitivo, el aumento de los costos de vida y la pérdida acelerada de empleo privado, factores que explican el derrumbe del consumo mucho más que el nivel de protección comercial.
“La discusión no es si Argentina debe competir, sino en qué condiciones”, concluyó la entidad, al advertir que abrir la economía sin resolver los desequilibrios macroeconómicos no genera desarrollo, sino que debilita la industria, destruye empleo y profundiza la dependencia externa.
