Por decreto aumentó el Salario Mínimo, Vital y Movil
En este contexto, el aumento por decreto no solo resulta insuficiente: consolida una política salarial que profundiza la desigualdad y que, lejos de apuntalar la recuperación económica, amenaza con debilitar la demanda interna y prolongar la recesión social. El salario mínimo, vital y móvil —creado para garantizar un piso de dignidad— se convierte así en un indicador cada vez más distante del costo real de vida de la mayoría de los argentinos.

El Gobierno de Javier Milei oficializó este miércoles un incremento escalonado del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) para los próximos diez meses, mediante la Resolución 9/2025 publicada en el Boletín Oficial.
La decisión, tomada de manera unilateral tras el fracaso del Consejo del Salario, se alinea con la propuesta empresaria y se ubica muy lejos de los reclamos sindicales, profundizando el deterioro del ingreso básico de los trabajadores.
El esquema establece aumentos mensuales de entre 3.600 y 6.400 pesos hasta agosto de 2026, llevando el salario mínimo de los actuales 322.200 pesos a 376.600. Es decir, una mejora nominal del 16,88% en un año, muy por detrás de cualquier proyección inflacionaria y, sobre todo, de la pérdida acumulada del poder adquisitivo.
El primer tramo fija para noviembre de 2025 un SMVM de 328.400 pesos, un incremento de apenas 6.200 pesos respecto del valor vigente desde agosto. Para los trabajadores por hora, el salario parte de 1.642 pesos. A partir de diciembre, las subas son mínimas y progresivamente más reducidas, lo que configura un sendero de recuperación nominal que resulta casi simbólico frente al deterioro real del salario.
La medida impacta en todos los trabajadores alcanzados por la Ley de Contrato de Trabajo, el sector agrario, el empleo público nacional y organismos estatales. También redefine el cálculo de la prestación por desempleo, que será equivalente al 75% del mejor salario neto de los últimos seis meses, con límites vinculados al SMVM. En un contexto de caída del salario real, esto implica que miles de personas desempleadas también verán erosionado su ingreso de referencia.
Lejos de representar una mejora sustancial, la actualización formaliza la continuidad de un esquema en el que el salario mínimo funciona como variable de ajuste. En la Casa Rosada reconocen que el Gobierno utilizó el ingreso de los trabajadores como “ancla” para desacelerar la inflación, pero los datos muestran que esa estrategia se tradujo en una pérdida histórica.
De acuerdo con el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), el SMVM argentino es hoy el más bajo de América Latina en términos reales: apenas 225 dólares, muy lejos de países de la región con menor desarrollo económico. El mismo informe destaca que el salario mínimo cayó por debajo del nivel de fines de 2001, previo al estallido de la convertibilidad, una referencia que expone la magnitud del retroceso social.
La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA también advierte que entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 el SMVM perdió 34% de su poder adquisitivo. El derrumbe fue inmediato: en diciembre de 2023 cayó 15% y en enero de 2024 otro 17%. Desde entonces, aun con ajustes parciales, la tendencia se mantuvo en baja. Hoy el salario mínimo real es un 63% inferior al pico de 2011.
La situación se agrava al observar el cuadro general de ingresos: el 77% de los hogares no supera los 800 mil pesos per cápita y dos tercios de la población vive por debajo del ingreso medio. A esto se suma el estancamiento de las paritarias del sector registrado, cuyos aumentos siguen rezagados frente a la inflación, según el Indec.
