5 de octubre de 2026

Patricia Bullrich cambia de postura y respalda las listas colectoras para las elecciones 2027

En menos de 24 horas, la senadora Patricia Bullrich modificó su posición respecto de las listas colectoras y pasó de cuestionarlas por considerar que distorsionaban la representación política a respaldarlas como una herramienta para reemplazar parte de las funciones que hoy cumplen las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

La discusión sobre una eventual reforma del sistema electoral volvió a exponer las tensiones y los reacomodamientos dentro del oficialismo.

El cambio de discurso coincide con la estrategia impulsada desde la Casa Rosada, donde la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, asumió un rol central en las negociaciones para avanzar con una reforma electoral que permita sortear la falta de consenso para eliminar las PASO.

Hasta hace pocos días, Bullrich sostenía que las listas colectoras «deformaban el sistema electoral». Sin embargo, ahora argumenta que ese mecanismo podría convertirse en una alternativa para ordenar las disputas internas dentro de las alianzas políticas sin necesidad de recurrir a elecciones primarias.

La senadora reconoció incluso que la propuesta no representa su modelo ideal, aunque aseguró que, frente a las limitaciones del esquema actual, no encontraron una opción superadora. El giro refleja la decisión del oficialismo de priorizar la viabilidad política del proyecto antes que mantener posiciones que anteriormente cuestionaba.

Del rechazo a la conveniencia política

El cambio de postura también pone de relieve una característica recurrente de la política argentina: la valoración de determinados mecanismos electorales suele variar según las necesidades del momento.

Las listas colectoras fueron históricamente criticadas por distintos sectores políticos por facilitar acuerdos electorales complejos y generar confusión entre los votantes. Ahora, ante las dificultades para reunir los votos necesarios que permitan modificar o eliminar las PASO, ese mismo instrumento reaparece como una alternativa funcional para el Gobierno.

En ese escenario, la discusión parece haber dejado de centrarse en la calidad institucional del sistema electoral para enfocarse en la construcción de una ingeniería política que facilite acuerdos con gobernadores, sectores del radicalismo y dirigentes del PRO.

Una reforma que aún no consigue los votos

Más allá del respaldo interno que comienza a consolidarse, el proyecto enfrenta un obstáculo determinante: la falta de mayorías parlamentarias.

La iniciativa requiere al menos 37 votos en el Senado y 129 en la Cámara de Diputados, cifras que La Libertad Avanza está lejos de alcanzar por sí sola. El oficialismo cuenta con una bancada reducida y depende del respaldo de fuerzas dialoguistas y de gobernadores provinciales para avanzar con cualquier modificación del régimen electoral.

Mientras el jefe de Gabinete mantiene conversaciones con mandatarios provinciales, Bullrich encabeza las negociaciones en el Senado con bloques opositores dispuestos a dialogar. Sin embargo, las diferencias persisten, especialmente en torno al mecanismo que reemplazaría las internas partidarias que actualmente canalizan las PASO.

La propia senadora admitió que, aunque existe coincidencia en varios aspectos de la reforma, todavía no aparece un consenso sólido sobre cómo seleccionar a los candidatos antes de las elecciones generales.

El rol de Karina Milei y una estrategia con fuerte contenido político

En paralelo, Karina Milei se convirtió en la principal impulsora de una alternativa que permita mantener cohesionadas las alianzas electorales sin recurrir a las primarias.

La propuesta que analiza el Gobierno busca adaptar el esquema de listas colectoras al sistema de Boleta Única de Papel, permitiendo que una misma candidatura presidencial pueda estar vinculada a distintas listas legislativas dentro de una misma coalición.

Desde el oficialismo sostienen que el objetivo es ofrecer mayor flexibilidad a los partidos aliados, especialmente a gobernadores y sectores del radicalismo, para que puedan competir con candidatos propios sin romper la alianza nacional.

Sin embargo, la iniciativa también abre un debate sobre la coherencia del discurso oficial. La administración de Javier Milei llegó al poder prometiendo terminar con las prácticas asociadas a la denominada «casta política», entre ellas los acuerdos electorales considerados oportunistas por el propio espacio libertario. Hoy, frente a la necesidad de ampliar su base de sustentación parlamentaria y electoral, el Gobierno evalúa recuperar una herramienta que durante años fue objeto de fuertes críticas.

El debate sobre las listas colectoras deja así en evidencia que, más allá de los argumentos institucionales, la reforma electoral está atravesada por la lógica de la negociación política y por la necesidad del oficialismo de construir una arquitectura electoral que le permita fortalecer su competitividad en los próximos comicios.

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