Paro en el Hospital Garrahan: el reclamo por la Emergencia Pediátrica y por el deterioro del sistema público de salud
El paro no solo expresa un reclamo sectorial, sino también una advertencia: cuando el Estado se repliega y la lógica del ajuste prevalece sobre la salud pública, los hospitales emblemáticos comienzan a resquebrajarse. Y con ellos, el principio mismo de que el acceso a la salud es un derecho y no un costo a recortar.

Los trabajadores del Hospital Garrahan iniciaron este martes un paro por 24 horas en reclamo de la aplicación efectiva de la Ley de Emergencia Pediátrica, una norma aprobada por el Congreso pero suspendida en su ejecución por decisión del Gobierno nacional.
“El hospital realmente se está viniendo abajo”, resumió una médica del centro de referencia pediátrico más importante del país, reflejando un clima de agotamiento y frustración que atraviesa al personal sanitario.
El conflicto estalló apenas días después de la conmemoración del Día del Pediatra, en un contexto en el que las demandas del sector resuenan con una mezcla de urgencia y desamparo. Médicos, técnicos y trabajadores de laboratorio denuncian que la falta de recursos, la caída salarial y el deterioro de las condiciones laborales ponen en riesgo la calidad de atención y la continuidad de tratamientos críticos.
La protesta se enmarca en un escenario más amplio: la tensión entre un Congreso que aprobó leyes de emergencia sanitaria y educativa, y un Poder Ejecutivo que las promulgó pero decidió suspender su aplicación por motivos presupuestarios. En los hechos, esa decisión vacía de contenido las medidas y posterga soluciones para áreas donde el tiempo es un factor determinante.
El Garrahan, símbolo del sistema público de alta complejidad pediátrica, se ha convertido en el reflejo más visible del desfinanciamiento estatal. Equipos sin mantenimiento, falta de insumos, recortes en guardias y salarios que pierden poder adquisitivo delinean un cuadro crítico que trasciende lo coyuntural. La suspensión de la ley de Emergencia Pediátrica agrava aún más una situación que el propio personal define como “insostenible”.
