22 de abril de 2026

Para Karen Reichardt son «enfermos mentales» quienes no votan por La Libertad Avanza

El episodio obliga a reflexionar sobre la calidad del debate político en Argentina y sobre los límites que las propias fuerzas deberían establecer para no transformar la competencia electoral en un campo de insultos y descalificaciones. Al final, la democracia se erosiona cuando los votos que no acompañan a un espacio son tratados como un problema clínico y no como la manifestación legítima de la pluralidad ciudadana.

En plena recta final hacia las elecciones legislativas del 26 de octubre, la candidata de La Libertad Avanza, Karen Reichardt, quedó en el centro de la polémica tras calificar como una “enfermedad mental” a quienes no eligen al oficialismo. La declaración se produjo en una entrevista radial con Jonatan Viale por Radio Rivadavia, donde la exmodelo expuso un discurso despectivo hacia gran parte del electorado argentino.

Al ser consultada sobre qué sectores debía conquistar su espacio, Reichardt sostuvo que los votantes del PRO podían ser convocados, pero que “lo otro es una enfermedad mental”. Frente a la sorpresa de los periodistas, intentó matizar sus palabras afirmando que no hablaba de “enfermos mentales” sino de una “tara cultural” que impide a ciertos sectores cambiar de voto.

Más allá de la retractación, la frase refleja un patrón discursivo que no es nuevo en La Libertad Avanza: la estigmatización del disenso. Así como Javier Milei ha tildado de “parásitos” o “cómplices de la casta” a quienes se oponen a su proyecto, Reichardt recurre a una categoría ligada a la salud mental para deslegitimar al adversario político, profundizando la violencia verbal en el espacio público.

El problema excede lo anecdótico. Cuando los dirigentes políticos apelan a la patologización del electorado, trasladan la discusión democrática del terreno de las ideas al de la agresión simbólica, debilitando la convivencia y trivializando cuestiones sensibles como la salud mental. En un contexto de crisis social y polarización extrema, estas expresiones no solo resultan ofensivas, sino que también instalan una lógica peligrosa: la de que quienes no coinciden con el oficialismo no son ciudadanos con otra mirada, sino sujetos “defectuosos”.

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