5 de junio de 2026

Pandemia, el «caso 41 y el debate ausente de la ética de la responsabilidad»

Al momento de escribir está nota, a inicios de agosto, es indudable el afirmar que la pandemia del Covid 19 está alterando todos los parámetros políticos, sociales, económicos y hasta en algún modo los culturales, sobre las formas de organización de toda la sociedad mundial.

Por: Diego Alberto Navarro (Docente, Politologo)

La sociedad mundial ha iniciado, a partir de la pandemia, un proceso de transformación y rediseño de ella misma, sin tener aun definido cómo y ni cuándo concluirá, además con la gran incógnita sí podrá cambiar tendencias negativas preexistentes o bien las profundizará. Un nuevo escenario social que tanto en sus consecuencias positivas o negativas implicara un cambio definitivo hacia un nuevo modelo de sociedad que deje de manera definitiva lo conocido actualmente, al menos en esta parte del mundo (Argentina).

El famoso y tan mentando “caso 41” en la provincia de Santiago del Estero ha generado numerosas controversias en toda la sociedad de esta provincia en torno a la (i) resposansabilidad del sujeto del caso en cuestión, a su vez un fuerte impacto político con la consecuente respuesta del estado provincial para afrontar la profundización de la crisis sanitaria devenida de la pandemia del Covid 19.

¿Es posible dar una respuesta desde las ciencias sociales a este dilema que hoy vive nuestra sociedad? ¿Qué se puede argumentar? ¿Qué se puede sostener? ¿Qué aportes se puede la vida cotidiana de la sociedad civil para afrontar este problema?

Los datos duros

Más allá de las palabras, las promesas y los buenos deseos, lo concreto es que en el mundo hoy tenemos fuertes rebrotes en Europa, en especial en Francia y España (con tasas de letalidad arriba del 10% y el 8% respectivamente), como así también rebrotes en los Estados Unidos (primer país en números de infectados y víctimas fatales -5 millones de contagios y 162 mil víctimas fatales), en especial en los estados del sureste del país: La Florida y Georgia, los del sur como Texas y Arizona, y el gran estado de la costa oeste: California (casi 40 millones de habitantes).

En el resto del mundo el panorama no es muy alentador, la pandemia continúa avanzando en países como Rusia (cuarto en números de infectados en el mundo y subiendo su tasa de letalidad) y a pasos agigantados en la India (1200000 millones de habitantes, el segundo país más poblado del mundo, y tercero en cantidad de infectados), o bien en Sudáfrica en África.

Aun así, es más dramática la situación hacia América Latinaepicentro mundial de la pandemia, con Brasil (segundo país en el mundo con más infectados y cantidad de víctimas fatales, 3 millones de contagios y 100 mil víctimas), con México (tercero en cantidad de víctimas fatales, y triplicando con el 10,9% la tasa promedio de letalidad mundial -3,7%-).

El cuadro sigue siendo crítico sí sumamos a Chile siendo el país con más contagios por millón de habitantes de la región (4° en el mundo), y Perú uno de los más críticos de la región en cuanto a contagiados por millón de habitantes (el 9° del mundo), compartiendo con Chile, y Colombia los primeros diez lugares de países con mas contagios en el mundo. Sin contar las tristes imágenes de cadáveres en las calles en Bolivia y Ecuador por Covid 19.

Argentina en ese cuadro avanza en los contagios, siendo el número 18° lugar de los países con más contagios en el mundo, (más de 220 mil contagios y 4200 víctimas fatales) con una tasa de letalidad del 1,91%, con su sistema sanitario dando hasta el momento respuestas a la crisis, pero con la mirada puesta en la cantidad de recursos disponibles para enfrentar la crisis sanitaria.

Además, a todo este panorama, la tan añorada y ansiada vacuna llegará, según las mejores expectativas hacia fin de año de 2020, no tendremos aún ni el tiempo y ni los recursos para vacunar a toda la población hasta esa fecha.

¿Y ante este duro cuadro de pandemia qué nos queda? La ética de la responsabilidad

Hace exactamente cien años, Max Weber, célebre sociólogo alemán (uno de los fundadores de la sociología como ciencia), moría víctima de la mal llamada “Gripe Española” (la gran pandemia del siglo XX -1918 a 1920-). Este autor realizó un gran aporte para pensar una ética que tenga en cuenta la relación posible entre nuestras más profundas convicciones y nuestras responsabilidades (la ética de la convicción versus la ética de la responsabilidad).

La pandemia ha puesto en relieve muchos aspectos oscuros, injustos, mal gestionados y hasta desfasados temporalmente en la organización de nuestra sociedad. Ante el avance de la crisis sanitaria, hacia una crisis económica (caída de la actividad económica y desempleo), y por ende social (aumento de la pobreza), que pone en una fuerte tensión a los poderes políticos en todo el mundo, sólo nos queda desarrollar a los ciudadanos, una ética de la responsabilidad, sólo en ese marco es posible sobrellevar una crisis que ante el avance de la pandemia y la incapacidad aún de terminar con ella.

Un debate sobre la ética de la responsabilidad es necesario, porque hasta ahora la sociedad ha sido atravesada por el miedo, por la estigmatización hacia los contagiados, por el escrache, por la radicalización de mensajes violentos en contra de toda forma de pensar que trate de poner marcos de entendimientos a la situación actual, y la promoción de comportamientos de irresponsabilidad en el manejo de la libertad individual. No obstante, poco a promovido un necesario debate sobre la responsabilidad que le cabe a cada miembro de la sociedad sea ciudadano, sea comerciante, sea gobernante, sea empresario, sea un servidor público o sea un medio de comunicación o sea donde se encuentre en la sociedad.

Debatir desde una ética de la responsabilidad es necesario, porque ante una sociedad que ante la crisis ha elegido un refugio en su mundo de creencias individuales, en sus miedos, en sus prejuicios y no en la reflexión sobre que puede aportar desde su lugar en la sociedad para contribuir a sobrellevar y aprender a convivir con una situación que a todas luces es crítica, dramática, aunque insisto, no es terminal. 

 ¿Para qué servía la ética?

En el sentido clásico, la ética era pensada por Aristóteles como un arte dirigido a construir el bien. Era entendida como el arte de aprender a vivir para hacer el bien, y en esa construcción ir encontrando la felicidad. Así afirma que la verdadera felicidad consiste en hacer el bien, es más deja un sentido de responsabilidad muy fuerte al afirmar que; la peor injusticia es la que se comete, no la que se sufre. Solamente soy feliz en la medida que se responder por mis actos ante los demás. ¿Es altruismo? No, es saber responder ante todo por las consecuencias de nuestros actos. ¿En este escenario de pandemia de que sirve esto? La felicidad no es un puro acto individual, ella solo es posible en referencia a otros en en sociedad y hoy pasa por tener en cuenta una ética de la responsabilidad.

Seguramente cada lector de este artículo en cualquier país que se encuentre, en especial en América Latina, encontrara una radiografía común al mentado caso 41deseos de vivir libremente, de no sentirse coartado en su libertad individual, de menospreciar la autoridad del estado por no ser afín a su color político o afín ideológico, no obstante, nos lleva a plantearnos algo: ¿el virus distingue nacionalidades? ¿distingue pertenencias religiosas? ¿distingue ideologías o pertenecías políticas? ¿distingue posiciones de clases sociales? ¿distingue sexos u orientaciones sexuales? Abiertamente NO.

Ante este panorama lo que nos queda es construir una ética de la responsabilidad, en donde nos ayude a entender y referenciar que toda acción (buena o mala) tendrá una consecuencia, la cual inevitablemente deberemos responder, o en términos morales, o en términos judiciales o directamente en términos naturales con todas las consecuencias que conlleva una enfermedad sin una vacuna efectiva que la prevenga y la erradique del planeta, la desaparición física de una persona. Para decirlo en términos más crudos y directos, está en juego nuestra salud, nuestras vidas, la de nuestros afectos más cercanos, y por ende de toda la sociedad. La responsabilidad nos pone no solo ante la conciencia, sino ante la sociedad y el Estado mismo. Debemos responder por nuestros actos literalmente para evitar la propagación de esta pandemia.

La vanidad, la negación, el egoísmo, el desprecio por el cuidado del otro y el peor síntoma que tenemos los seres humanos: “el a mí no me va a pasar”, son los principales enemigos de esta ética, precisamente por no pensar en términos de responsabilidad.

Nuestra ética de la convicción nos puede indicar que debemos respetar a ultranza la libertad de las personas, en sus gustos, en sus creencias, en sus opciones de vida, en sus orientaciones ideológicas y de sexualidad, pero hasta qué punto es posible valorar un justo fin, como el respetar las libertades individuales, cuando el respeto de esas libertades puede generar consecuencias perjudiciales para los demás miembros de la sociedad. Nos negamos a verlo, pero la pandemia nos pone ante la triste evidencia que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

El debate de la responsabilidad individual no invalida, las responsabilidades del Estado en la necesidad de fortalecer aun más los sistemas de salud, de renovar los sistemas educativos, de dar cuenta de nuevas formas laborales que surgen tras la pandemia (el trabajo online por ejemplo o la explosión de emprendedores por todo el planeta), de los incrementos de la pobreza, de la poca o casi nula solidaridad social de gran parte del empresariado, muy por el contrario, las habilitas aun más, en especial en comenzar a reclamar como ciudadanos, la necesidad de abandonar las formas de organización social que aún persisten en nuestra sociedad más propias del siglo XIX y avanzar hacia otras más propias del siglo XXI, más justas y más acordes a nuestras condiciones de vida actual.Algunas conclusiones

Desde mi punto de vista el verdadero problema de esta crisis nunca fue y ni será el virus en sí, sino nuestra forma en que nos (des) organizamos para superar la pandemia. Si no tenemos en claro eso, todo se va a transformar en un miedo reaccionario, odios y estigmatizaciones sociales que nos va a terminar dañando aún más como sociedad, profundizando situaciones de injusticias sociales. Desde el lugar que a cada uno le toque, solo nos hace falta actuar con responsabilidad.

En estos 8 meses de pandemia en el mundo y casi 5 meses de cuarentena en Argentina, todos o en más o en menos debimos afrontar situaciones criticas en lo laboral, en la salud personal, en lo emocional al vernos lejos de nuestros afectos, hemos adquirido experiencias y saberes que nos posicionan mejor ante la situación critica que persiste. Es un desafío más de la vida, vivir cuesta vida, dice un celebre rockero argentino, mientras la haya, la esperanza sigue danzando, seamos responsables hasta que la pandemia concluya.

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