Oriente Medio enfrenta una crisis hídrica severa ante ataques a plantas desalinizadoras de agua
La región de Oriente Medio se encuentra al borde de una grave crisis de agua debido a ataques a infraestructuras clave y a la proliferación de contaminantes atmosféricos.

Durante el fin de semana, Irán sufrió una «lluvia negra» resultante de ataques de Estados Unidos e Israel a depósitos de petróleo, que liberaron una mezcla tóxica de gases y partículas en el aire.
Según el experto Gabriel da Silva, estos contaminantes incluyen dióxido de azufre y nitrógeno, hidrocarburos, partículas PM2,5, metales pesados y compuestos cancerígenos, que pueden afectar la salud de las personas y dañar el ecosistema marino.
En el terreno, los residentes reportan molestias respiratorias, irritación en ojos y garganta, y riesgos a largo plazo como cáncer, problemas en el embarazo, trastornos neurológicos y cardíacos. Además, estos contaminantes pueden asentarse en edificios y filtrarse en las aguas, persistiendo mucho tiempo tras los incendios y poniendo en peligro la vida marina en un entorno ya vulnerable.
Las plantas desalinizadoras, fundamentales para la provisión de agua potable en países como Irán, están cada vez más expuestas a amenazas. Estas instalaciones, que transforman agua salada en agua dulce, abastecen a muchas ciudades y se encuentran en zonas estratégicas, por lo que los ataques o daños a su infraestructura eléctrica dificultan aún más el suministro hídrico en tiempos de conflicto. Irán denunció que Estados Unidos dañó una planta desalinizadora en su territorio, y también se acusó a Bahréin por un incidente similar.
Aunque Irán obtiene una parte importante de su agua de ríos y acuíferos, estos recursos están agotados tras años de sequía. El país intenta ampliar su capacidad de desalinización en la costa sur, pero enfrenta obstáculos como limitaciones de infraestructura, altos costos energéticos y sanciones internacionales, lo que agrava la posibilidad de una crisis de agua en los próximos meses. Expertos advierten que, bajo una situación de conflicto sostenido, la crisis puede intensificarse, incluso considerando la posibilidad de evacuaciones masivas.
Por otra parte, las interrupciones en la producción de petróleo y las rutas marítimas por conflictos bélicos complican aún más la situación. La dependencia de combustibles fósiles, en particular en momentos de crisis, impulsa el uso de energías más contaminantes.
La clausura del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, obliga a los buques a rodear África, aumentando las emisiones de carbono y el riesgo de derrames. Además, esta situación afecta el transporte de alimentos y fertilizantes, elevando los costos y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria regional.
La crisis actual también refuerza la necesidad de apostar por energías renovables y producción local, ya que estas fuentes son más accesibles y menos susceptibles a ser utilizadas como armas de guerra.
Sin embargo, la guerra en Ucrania y otros conflictos internacionales generan un aumento en las emisiones globales, con las fuerzas armadas responsables de más del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que agrava aún más la crisis climática. Los expertos advierten que los efectos del conflicto y el uso intensivo de combustibles fósiles tendrán consecuencias duraderas en el medio ambiente global.
