Nuevo conflicto en Siria reaviva las tensiones en un país devastado por la guerra
El conflicto sirio, que comenzó hace más de 13 años, sigue siendo uno de los enfrentamientos más complejos y sangrientos del Medio Oriente. Las intervenciones extranjeras, las alianzas cambiantes y los actores locales han contribuido a un panorama cada vez más fragmentado. Con el regreso de las hostilidades y el resurgimiento de Tahrir al-Sham, la posibilidad de una mayor escalada del conflicto es cada vez más real, lo que podría reavivar una guerra que ha dejado cicatrices profundas en la región y en la población siria.

Mientras el alto el fuego entre Israel y Hezbolá en Líbano se mantiene precariamente, una nueva ofensiva rebelde ha sacudido Siria desde la semana pasada, rompiendo casi cinco años de relativa tregua. En un contexto de creciente inestabilidad, el Ejército Sirio (ES) del presidente Bashar al-Assad fue perdiendo terreno frente a las milicias apoyadas por Turquía, lo que pone en riesgo el frágil equilibrio que ha prevalecido en el país.
Este nuevo enfrentamiento podría desatar nuevamente un conflicto generalizado entre las facciones internas, sus milicias y las potencias extranjeras que siguen compitiendo por la influencia en la región.
Los orígenes del conflicto sirio y sus actores principales
El conflicto sirio comenzó en 2011, tras las primeras protestas contra el régimen de Al-Assad en el marco de la Primavera Árabe. Estas manifestaciones pacíficas rápidamente se transformaron en una feroz guerra civil que ha dejado más de 300.000 muertos, un alto costo humano que representa aproximadamente el 1,5% de la población previa a la guerra. La guerra civil ha sido también un escenario de confrontación entre potencias extranjeras, que han utilizado a Siria como campo de batalla para extender sus influencias en el Medio Oriente.
El Gobierno de Al-Assad, un régimen autocrático sostenido por el Partido Baaz y basado en el nacionalismo árabe socialista, ha logrado sobrevivir durante más de 50 años gracias a su control férreo sobre las fuerzas de seguridad y a una alianza estratégica con Rusia e Irán. Su estabilidad comenzó a desmoronarse en 2011, cuando las primeras protestas populares fueron respondidas con una brutal represión por parte del régimen.
Las fuerzas enfrentadas: ¿quiénes son los actores principales?
Uno de los principales grupos rebeldes actuales es Tahrir al-Sham (HTS), un grupo islamista suní originado de Jabhat al-Nusra, una rama de Al-Qaeda. Este grupo ha sido una de las piezas clave en la insurgencia actual, especialmente en las zonas de Idlib, el último bastión de la oposición a Al-Assad. HTS cuenta con el apoyo parcial de Turquía, que ha intervenido directamente en Siria, especialmente en el norte, con el objetivo de contrarrestar la influencia de las milicias kurdas del YPG, que reciben apoyo de Estados Unidos.
El régimen de Bashar al-Assad, por su parte, ha contado con el respaldo de Rusia e Irán, dos de sus principales aliados estratégicos. Rusia ha jugado un papel fundamental en la recuperación de territorios clave, como Alepo, gracias a la intervención de su fuerza aérea y a empresas militares privadas como Wagner, que operan en el terreno. Irán, por su parte, ha utilizado el territorio sirio para mantener su conexión con Hezbolá en Líbano y para asegurar su presencia en la región.
El impacto de la intervención extranjera
La intervención extranjera ha sido un factor determinante en la evolución del conflicto. En 2014, Estados Unidos comenzó a intervenir directamente en la guerra siria, principalmente con el objetivo de erradicar al Estado Islámico (EI), un grupo extremista que en su auge controló grandes partes de Siria e Irak. Las acciones de Estados Unidos también buscaban frenar la expansión de Irán y apoyar a los kurdos del norte de Siria, mientras que Turquía comenzó a intervenir directamente en las zonas cercanas a su frontera para frenar el avance de los kurdos.
En 2015, cuando el régimen de Al-Assad se encontraba al borde del colapso, Rusia e Irán decidieron intervenir de manera decisiva. Rusia, con sus bases militares en el Mediterráneo Oriental, y Irán, con el respaldo de las Fuerzas Revolucionarias de la Guardia Iraní y Hezbolá, comenzaron a recuperar territorios importantes. La reconquista de Alepo en 2016 fue un hito en la guerra, pues permitió a las fuerzas del régimen de Al-Assad consolidar el control sobre una parte significativa del país.
El actual escenario: nuevas tensiones y alianzas
El balance actual de poder muestra que Al-Assad ha recuperado el control de casi el 80% del territorio desde los tres grandes acuerdos de alto el fuego alcanzados entre 2017 y 2020, pero las tensiones persisten. Las zonas controladas por HTS en Idlib, las áreas kurdas en el norte y las zonas ocupadas por Turquía siguen siendo focos de conflicto. Estados Unidos mantiene bases militares en el este del país, y las potencias extranjeras continúan luchando por su influencia.
En este contexto, el reciente resurgimiento de la insurgencia en Siria, encabezada por Tahrir al-Sham y apoyada parcialmente por Turquía, podría desestabilizar aún más el ya fragmentado país. A la vez, el régimen de Bashar al-Assad se enfrenta a nuevos desafíos en su lucha por consolidar su poder en un país devastado por la guerra, mientras sigue dependiendo de sus aliados internacionales.
