“No tiene futuro”: Ford amenazó con cerrar planta de Pacheco si no le bajan impuestos
La advertencia de Ford no solo pone en discusión el futuro de Pacheco, sino que vuelve a exponer un patrón recurrente: la utilización del empleo y la inversión como moneda de presión, en un contexto donde las decisiones estratégicas se definen mucho más en las casas matrices que en las plantas locales.

La automotriz Ford volvió a poner en agenda una lógica ya conocida en la relación entre multinacionales y Estados nacionales: la amenaza de cierre como herramienta de negociación fiscal.
A través de declaraciones de su presidente para Sudamérica, Martín Galdeano, la compañía dejó en claro que la continuidad de la planta de General Pacheco estaría en riesgo si no se reducen los impuestos que gravan las exportaciones de la pick up Ranger.
“Sin exportaciones, la planta de Pacheco sería una planta sin futuro”, afirmó el ejecutivo, al denunciar que cada unidad exportada carga con una “mochila” impositiva del 12% sobre el precio FOB. El mensaje, dirigido al Gobierno nacional pero extensivo a provincias y municipios, funcionó como una advertencia explícita: o se aliviana la presión tributaria, o la inversión industrial pierde sentido.
Las declaraciones se conocieron luego de una reunión con el ministro de Economía, Luis Caputo, y el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, en la que Ford anunció una nueva inversión de 170 millones de dólares para ampliar la gama de la Ranger, incluyendo una versión deportiva Tremor y una híbrida enchufable. Con este desembolso, la compañía alcanzaría los 870 millones de dólares invertidos en la Argentina en la actual década.
Sin embargo, el anuncio no despejó las dudas, sino que reforzó una estrategia de condicionamiento: la inversión aparece atada a cambios regulatorios y fiscales que mejoren la rentabilidad exportadora de la empresa. En ese marco, Galdeano comparó a la Argentina con países como México, Brasil, China o los del sudeste asiático, que —según su planteo— no aplican impuestos “distorsivos” a la producción automotriz destinada al exterior.
El reclamo se produce en un contexto adverso para el sector. De acuerdo con datos de ADEFA, la producción automotriz cayó un 3,1% el último año y las exportaciones se desplomaron un 10,3%, un dato sensible para una planta como la de Pacheco, cuyo esquema productivo depende en gran medida del mercado externo. No obstante, el diagnóstico empresario omite deliberadamente el impacto de las estrategias globales de las propias automotrices sobre la industria local.
En el caso de Ford, el antecedente regional resulta ineludible. En 2021, la multinacional cerró sus cinco plantas en Brasil como parte de una reestructuración global, pese a su histórica presencia industrial en ese país. Miles de trabajadores quedaron en la calle y una de las fábricas terminó en manos de la automotriz china BYD, que ya retomó la producción. El episodio dejó en evidencia que ni los incentivos fiscales ni la trayectoria histórica garantizan la permanencia de las multinacionales.
La planta de General Pacheco, con casi 65 años de actividad y miles de empleos directos e indirectos, sobrevivió a esa ola de cierres gracias a su especialización en la Ranger, luego de que Ford discontinuara en 2018 la producción del Focus. Hoy, sin embargo, vuelve a quedar bajo presión, en un escenario donde la empresa traslada el riesgo de su negocio global al debate impositivo local.
El pedido de consenso entre Nación, provincias y municipios para reducir tributos como Ingresos Brutos y tasas locales también abre un interrogante más amplio: hasta qué punto el sostenimiento del empleo industrial puede depender de una competencia fiscal a la baja, que termina debilitando la capacidad recaudatoria del Estado sin garantías de estabilidad productiva a largo plazo.
