Murió Rubén Rada a los 83 años: se apaga una voz esencial de la música rioplatense
“Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15:30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo”, expresó su círculo íntimo, que también agradeció los mensajes recibidos y el trabajo del equipo médico que lo acompañó durante su internación.

Rubén Rada, una de las figuras más queridas e influyentes de la música popular uruguaya y rioplatense, murió este miércoles 26 de agosto a los 83 años, después de permanecer internado durante aproximadamente un mes debido a una neumonía bilateral y sus complicaciones. La noticia fue comunicada por su familia a través de las redes sociales oficiales del artista.
Rada había ingresado el 5 de agosto a un centro de salud de Montevideo por un cuadro respiratorio complejo. Hasta entonces, el músico mantenía proyectos artísticos y una actividad creativa que parecía no tener fecha de vencimiento. Incluso en 2023 había resumido su particular manera de entender el paso del tiempo con una frase que hoy adquiere una dimensión conmovedora: “Pienso que mañana me voy a ir, entonces les dejo música”.
Esa declaración sintetizaba una filosofía que acompañó buena parte de su vida: producir, grabar, crear y dejar canciones como una forma de permanecer. Rada parecía entender que la mejor manera de desafiar al tiempo era seguir haciendo música.
Seis décadas transformando el sonido rioplatense
Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, Rada construyó una carrera de más de seis décadas como cantante, compositor, percusionista y arreglador. Su legado excede ampliamente la condición de intérprete: fue uno de los grandes responsables de llevar el candombe hacia nuevos territorios sonoros y de demostrar que la tradición podía dialogar con la innovación sin perder su identidad.
Los tambores afrouruguayos convivieron en su obra con el rock, el jazz, el funk, la bossa nova y el pop. Esa capacidad para cruzar fronteras musicales convirtió al “Negro” Rada en un verdadero embajador cultural de Uruguay y en una referencia para generaciones de músicos de ambas orillas del Río de la Plata.
Su recorrido comenzó siendo apenas un niño, cuando a los 10 años se acercó a las comparsas. Más tarde transitó por la murga y el jazz hasta formar parte de El Kinto, agrupación pionera del candombe beat junto a Eduardo Mateo. Luego llegarían experiencias fundamentales como Tótem y Opa, además de una extensa y prolífica carrera solista.
Canciones como Las manzanas, Mi país, Cha-cha muchacha, Dedos, Blumana y Muriendo de plena forman parte de una obra que logró algo poco frecuente: convertirse en patrimonio popular sin dejar de experimentar.
Un puente musical entre Uruguay y Argentina
La influencia de Rada tampoco quedó limitada a Uruguay. Su vínculo con la escena argentina fue profundo y dejó huellas en artistas de enorme relevancia, entre ellos Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, con quienes compartió escenarios y proyectos.
Durante las décadas de 1980 y 1990 consolidó una discografía que mostró diferentes facetas de su búsqueda artística, con trabajos como La Rada, En familia y Tengo un candombe para mandarte. Más adelante, discos como Black y Quién da más? lo acercaron a nuevas generaciones y ampliaron todavía más su alcance popular.
Su reconocimiento trascendió las fronteras de la región. En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, además de obtener premios Gardel y Graffiti y ser distinguido como Ciudadano Ilustre de Montevideo.
En 2023, al cumplir 80 años, celebró su trayectoria con un espectáculo en el Auditorio Nacional del Sodre junto a sus hijos Matías, Julieta y Lucila, también vinculados con la música. Fue una celebración de una vida entera dedicada a crear y compartir canciones.
Una despedida que deja música
Entre sus últimos trabajos se encuentra Candombe con la mano izquierda, publicado en 2024, además del proyecto retrospectivo Parte de la historia, con el que recuperó repertorios de El Kinto, Tótem y Opa para acercarlos a nuevas generaciones.
Hasta poco antes de su internación, Rada continuaba trabajando en un nuevo disco de fusiones latinas. La enfermedad interrumpió ese proyecto, pero difícilmente pueda interrumpir aquello que construyó durante más de 60 años.
La muerte de Rubén Rada representa la despedida de un artista irrepetible, pero también la apertura de una nueva etapa para su obra. Su voz, sus tambores y su particular manera de entender la música quedan como parte de una memoria colectiva que no pertenece solamente a Uruguay: también forma parte de la identidad cultural rioplatense.
Rada había dicho que estaba “apurado” por dejar música. Finalmente, dejó mucho más que canciones: dejó una manera de escuchar, de mezclar culturas y de convertir la tradición en algo vivo. Y en ese legado, el “Negro” seguirá sonando.
