21 de abril de 2026

Milei y Cavallo, de aliados estratégicos a enemigos públicos en medio de la fragilidad económica

El enfrentamiento entre el expresidente del Banco Central y exministro de Economía, Domingo Cavallo, y el presidente Javier Milei dejó al descubierto no solo una ruptura personal, sino también profundas contradicciones en el discurso oficial.

Lo que comenzó como una alianza simbólica entre el viejo y el nuevo liberalismo argentino parece haber terminado en una batalla pública cargada de reproches y ajustes de cuentas, con la economía nacional como campo de disputa.

La escalada del conflicto alcanzó su punto más álgido esta semana, cuando Milei despidió a Sonia Cavallo, hija del exministro, de su cargo como embajadora argentina ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Lejos de presentar la decisión como un simple cambio diplomático, Milei la justificó afirmando que Domingo Cavallo “torpedea y sabotea” el plan económico oficial.

«O estás de un lado o estás del otro», sentenció el presidente, marcando un tono que resuena más con el caudillismo autoritario que con la apertura ideológica que prometía su gestión.

¿Una respuesta exagerada o cálculo político?

Lo llamativo de esta situación es que hasta hace pocos meses Milei no escatimaba elogios hacia Cavallo, a quien calificaba como “el mejor ministro de Economía de la historia argentina”. El presidente incluso reconoció públicamente que buena parte de su programa económico tiene raíces en las políticas de convertibilidad impulsadas por Cavallo en los 90. Sin embargo, bastó que el exministro sugiriera que “la cotización del dólar oficial está muy baja” para que el jefe de Estado lo tildara de “impresentable” y lo excluyera del espacio de apoyo al gobierno.

El giro discursivo parece más una señal de fragilidad política que de coherencia. Mientras Milei intenta sostener la estabilidad del tipo de cambio, las críticas de Cavallo—un referente histórico del liberalismo económico—golpean directamente la credibilidad del plan monetario del presidente y podrían amplificar las dudas de los mercados y de los propios votantes.

El despido de Sonia Cavallo: un ajuste de cuentas personal

Más allá del trasfondo económico, el despido de Sonia Cavallo parece estar cargado de motivaciones políticas y personales. Nombrada embajadora a principios del mandato de Milei, cuando Diana Mondino aún dirigía la Cancillería, su salida repentina envía un mensaje contundente: nadie está a salvo en el entorno presidencial si critica el rumbo oficial.

Esta lógica de “purga interna” no es nueva, pero sorprende por lo rápido que Milei pasó del reconocimiento a la confrontación. ¿Se trata de una maniobra para concentrar poder o de una reacción desproporcionada ante una crítica aislada? Lo cierto es que la decisión parece más impulsiva que estratégica, y refuerza la imagen de un gobierno cada vez más cerrado sobre sí mismo, donde la lealtad personal importa más que el debate técnico o político.

Contradicciones económicas y peligros latentes

Mientras Milei insiste en que “el dólar no está caro y no hay atraso cambiario”, economistas y analistas comienzan a advertir sobre la desconexión entre el discurso oficial y la realidad del mercado. Si bien el presidente descarta de plano una devaluación, las reservas del Banco Central siguen en niveles críticos y la presión sobre el tipo de cambio no cede.

Las declaraciones de Cavallo, lejos de ser una simple opinión aislada, reflejan una preocupación compartida por gran parte del sector financiero. Su despido y el ataque público que recibió pueden interpretarse como una señal de que el gobierno no está dispuesto a tolerar disidencias internas, incluso si provienen de figuras clave del espacio liberal.

¿Un gobierno a prueba de críticas?

El episodio deja una pregunta inquietante: ¿Está dispuesto Javier Milei a escuchar voces críticas dentro de su propio espacio? Hasta ahora, el mensaje parece claro: quien cuestione la narrativa oficial será desplazado, sin importar su trayectoria o contribución previa al proyecto político.

Esto podría tener consecuencias graves no solo en términos políticos, sino también para la gobernabilidad y la estabilidad del propio plan económico. Si la estrategia del gobierno es cerrar filas y eliminar las voces disidentes, corre el riesgo de caer en un aislamiento peligroso, con menos margen para corregir errores o ajustar políticas clave en el futuro.

Una fractura que no será fácil de reparar

El conflicto entre Milei y Cavallo no es solo un choque de egos. Refleja tensiones más profundas sobre el rumbo económico del país y la manera en que el gobierno maneja las críticas. Mientras tanto, el despido de Sonia Cavallo se suma a la lista de movimientos polémicos y decisiones inesperadas que marcan los primeros meses de la gestión libertaria.

Lo que está en juego no es solo la relación entre dos figuras del liberalismo, sino también la capacidad del gobierno para adaptarse y responder a un escenario económico cada vez más incierto.

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