Milei redobla su cruzada contra el periodismo crítico: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”
Lo que Milei tal vez no advierte es que el periodismo no necesita ser amado, pero sí respetado, y que la legitimidad democrática no se construye desde el odio, sino desde la responsabilidad.

En un nuevo episodio de confrontación con la prensa, el presidente Javier Milei volvió a atacar públicamente a periodistas críticos de su gestión, esta vez con una afirmación que cruza peligrosamente los límites del discurso democrático.
Desde su cuenta en la red social X, el mandatario republicó un mensaje que sostiene: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, en referencia a quienes cuestionan los efectos sociales de su plan económico, como la pérdida del poder adquisitivo o el impacto del ajuste.
La publicación, originada por la cuenta afín “Escuela Austriaca de Economía”, critica puntualmente al periodista Adrián Ventura, de Todo Noticias (TN), por su cobertura de los datos de inflación. Lejos de desmarcarse, Milei compartió el mensaje sin aclaraciones ni matices, lo que equivale a una adhesión explícita a un discurso de hostilidad abierta hacia el periodismo independiente.
Un presidente que alimenta la lógica del enemigo
Que el presidente de la Nación promueva el “odio” hacia un sector fundamental para la vida democrática como es el periodismo no puede leerse como una provocación más, sino como parte de una estrategia de poder. Milei no ataca a periodistas en general, sino a aquellos que se apartan del relato oficial sobre los supuestos logros de su administración. En lugar de responder con argumentos o datos verificables, opta por desacreditar, hostigar y convertir en enemigos internos a quienes disienten, configurando un escenario cada vez más tóxico.
Esta actitud no es nueva: desde el comienzo de su mandato, Milei ha llamado “ensobrados”, “mentirosos” y “operadores” a periodistas que lo contradicen. Pero la escalada semántica reciente, con la palabra “odio” como centro, marca un salto de calidad peligroso, que podría abrir la puerta a nuevas formas de violencia simbólica o incluso física.
Intolerancia como doctrina de gobierno
La intolerancia presidencial hacia el disenso no se limita a la prensa. También se ha visto con legisladores opositores, sindicatos, científicos, artistas, gobernadores y hasta organizaciones sociales. En todos los casos, Milei utiliza las redes sociales como campo de batalla, con un tono que desprecia el pluralismo y la deliberación democrática.
Lejos de promover un clima de convivencia y diálogo, el jefe de Estado instaura un modelo de gestión basado en la confrontación permanente, donde la crítica no se rebate con argumentos, sino que se combate como si fuera un acto de traición. Esta lógica de «amigos o enemigos» anula matices y socava las condiciones para una vida institucional saludable.
La prensa como blanco, la democracia como rehén
La función del periodismo en cualquier república es interrogar al poder, verificar datos, mostrar las consecuencias de las decisiones de gobierno y amplificar las voces que no tienen acceso directo a la toma de decisiones. Atacar esa función es atacar una de las bases de la democracia misma.
En ese marco, que el presidente exprese —con o sin ironía— que no se odia lo suficiente a los periodistas no solo revela una visión autoritaria del rol del Estado, sino que también envía un mensaje inquietante a sus seguidores y a la sociedad: que el odio es una herramienta política válida. En tiempos de polarización extrema y violencia creciente en las redes sociales, este tipo de declaraciones no pueden naturalizarse ni minimizarse.
¿Quién escucha cada vez menos a quién?
En la misma publicación, Milei también sugiere que los periodistas “cada vez los escucha menos gente”. Pero los datos no le dan del todo la razón. A pesar de la fragmentación de las audiencias y la crisis de credibilidad de algunos medios, la necesidad de información rigurosa sigue intacta, especialmente en momentos de crisis económica y ajuste profundo.
Si hay algo que la historia argentina —y la del mundo— ha enseñado, es que los ataques sistemáticos al periodismo suelen ser el preludio de gobiernos que pretenden ejercer el poder sin controles ni rendición de cuentas. En ese sentido, lo que está en juego no es solo la libertad de prensa, sino el futuro mismo de la democracia como espacio de discusión racional y plural.
